Inteligencia
Artificial y Poder
Introducción –
¿Por qué la IA importa para los movimientos populares?
La inteligencia artificial (IA) ya no es ciencia ficción. Es
una infraestructura de poder que reconfigura economías, sociedades y sistemas
políticos. Si bien promete eficiencia y progreso, su diseño y despliegue actual
están concentrados en manos de corporaciones transnacionales y Estados
hegemónicos, con escasa rendición de cuentas. Para los movimientos populares,
especialmente en contextos periféricos como América Latina, la IA representa:
Una nueva frontera de colonialismo digital, donde los datos
de nuestras comunidades se extraen sin consentimiento.
Un mecanismo de control social que refuerza desigualdades
estructurales.
Una amenaza directa a la democracia, al manipular
percepciones, erosionar derechos y reconfigurar el espacio público.
Esta presentación sintetiza los riesgos críticos de la IA,
argumenta su impacto político y propone una estrategia de acción concreta,
viable y alineada con los principios de soberanía, justicia social y economía
circular.
Riesgos existenciales – Más allá del apocalipsis
técnico
Aunque los escenarios de “superinteligencia destructiva”
dominan los medios, los verdaderos riesgos existenciales ya están en curso:
1. Captura epistémica: La IA decide qué saberes son válidos,
invisibilizando cosmovisiones indígenas, feministas o comunitarias.
2. Automatización de la pobreza: Sistemas de evaluación
crediticia, acceso a servicios o empleo excluyen a poblaciones marginadas bajo
la apariencia de neutralidad.
3. Colapso ecológico acelerado: Los centros de datos y el
consumo energético de los modelos de IA contribuyen al extractivismo digital y
al cambio climático.
Estos riesgos no son futuristas; son materiales y están
ocurriendo ahora en barrios, escuelas, hospitales y sistemas de justicia de
Ecuador y la región.
Amenazas a la democracia – IA como arma de desestabilización
La IA socava la democracia en tres frentes:
1. Manipulación a escala: Deepfakes, bots y algoritmos de
recomendación distorsionan elecciones, movilizaciones y debates públicos (ej.
interferencia en procesos electorales latinoamericanos).
2. Vigilancia predictiva: Gobiernos y empresas usan IA para
monitorear y criminalizar movimientos sociales (ej. uso de reconocimiento
facial contra manifestantes en Quito o Guayaquil).
3. Desposesión cognitiva: La externalización de la toma de
decisiones a algoritmos opacos despoja a la ciudadanía de su capacidad de
juicio colectivo.
Estas dinámicas se acentúan en contextos con instituciones
débiles y alta desigualdad, como el ecuatoriano.
Diagnóstico estructural – ¿Quién controla la IA en
América Latina?
Corporaciones globales (Google, Meta, Palantir, Microsoft)
diseñan, entrenan y despliegan la infraestructura de IA sin regulación local.
Estados aliados a potencias (como EE.UU.) adoptan
tecnologías de vigilancia o guerra cognitiva bajo el pretexto de “seguridad
nacional”.
Ausencia de soberanía tecnológica: No hay políticas
nacionales ni regionales para el control de datos, formación de talento local o
inversión en IA al servicio del bien común.
En Ecuador, la debilidad regulatoria en protección de datos,
propiedad intelectual comunitaria y economía digital permite la extracción sin
contrapesos.
Principios para una IA al servicio de los pueblos
Se propone reorientar el desarrollo de la IA bajo estos
principios:
1. Soberanía tecnológica y energética: Los datos y la
infraestructura computacional deben estar bajo control comunitario o estatal
democrático.
2. Economía circular digital: Reducir el impacto ecológico
de la IA y promover hardware reparable, software libre y energías renovables.
3. Conocimiento popular como base: Incluir saberes
ancestrales y locales en el diseño de sistemas de IA (ej. sistemas de alerta
temprana comunitarios con IA explicativa, no opaca).
4. Transparencia y control ciudadano: Auditorías públicas,
moratorias a usos peligrosos y prohibición de IA en decisiones que afecten
derechos sociales.
Estrategia de acción – Acciones concretas en corto y
mediano plazo
Corto plazo (0–12 meses):
Campaña de alfabetización crítica en IA: Talleres en
barrios, universidades y radios comunitarias sobre riesgos y derechos
digitales.
Observatorio ciudadano de IA: Monitoreo colaborativo del uso
de IA por parte del Estado y empresas (ej. vigilancia en transporte público,
sistemas de salud).
Incidente de incidencia política: Exigir moratoria al uso de
reconocimiento facial y algoritmos predictivos en seguridad ciudadana.
Mediano plazo (1–3 años):
Campaña mediática por una Ley de Soberanía Algorítmica:
Basada en la Constitución ecuatoriana (Art. 92 sobre protección de datos, Art.
383 sobre conocimiento) y en instrumentos regionales (ej. Declaración de Quito
sobre Gobernanza Digital).
Creación de laboratorios comunitarios de IA ética: Con
enfoque en soluciones locales (agroecología, gestión de desastres, economía
solidaria).
Red latinoamericana de resistencia a la IA extractivista:
Articulación con movimientos en Colombia, Brasil, México y Argentina.
Alianzas estratégicas y marcos legales
Actores clave para la articulación:
- Colectivos de derechos digitales (Derechos Digitales,
Access Now).
- Movimientos indígenas y afrodescendientes (CONAIE,
FENOCIN).
- Sindicatos de trabajadores tecnológicos y del cuidado.
- Universidades públicas con enfoque crítico (IA crítica,
STS – Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología).
Constitución de la República (derechos a la intimidad, al
buen vivir, a la propiedad colectiva del conocimiento).
- Ley Orgánica de Protección de Datos Personales.
- Plan Nacional del Buen Vivir y la Política Nacional de
Economía Circular (2023).
- Acuerdos internacionales: Declaración de Salta sobre
Bienes Comunes Digitales (2024).
Conclusión – La IA no es neutral: es una lucha de poder
La inteligencia artificial no es inevitable ni neutra.
Es un campo de batalla donde se decide si las tecnologías profundizan el
extractivismo o se ponen al servicio de la emancipación. Los movimientos
populares no deben temer a la técnica, sino apropiarse críticamente de ella
La estrategia propuesta no busca rechazar la IA, sino descolonizarla,
democratizarla y orientarla hacia la justicia. En un contexto de creciente
autoritarismo digital y crisis ecológica, esta lucha es urgente, posible y
profundamente política.
¡Nuestra data, nuestros algoritmos, nuestro futuro!
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