Fundamentos del Marxismo Ortodoxo
Introducción: El Retorno a lo Esencial
En un momento histórico marcado por la fragmentación
ideológica, las crisis sistémicas del capitalismo globalizado y la persistente
dominación imperialista en América Latina, se hace urgente recuperar no dogmas,
sino “el método revolucionario del marxismo ortodoxo”. Frente a la banalización
del pensamiento crítico y la hegemonía de reformismos tecnocráticos que
despojan al socialismo de su dimensión transformadora, esta propuesta recupera
los fundamentos del marxismo tal como lo pensó Lukács: “no como un conjunto de
verdades eternas, sino como el método dialéctico capaz de captar la totalidad
del proceso histórico y orientar la praxis revolucionaria del proletariado”.
El objetivo no es reconstruir un museo teórico, sino armar
una brújula para la acción política continental, capaz de desenmascarar las
apariencias fetichizadas del capitalismo lateño y poner en movimiento las
fuerzas sociales capaces de construir una sociedad comunista.
I. La Realidad Latinoamericana: Dominación, Contradicción y Potencial
Revolucionario.
América Latina sigue siendo un laboratorio de la acumulación
capitalista en su fase más depredadora. La dependencia estructural, la
superexplotación del trabajo, la financiarización de la economía y la
privatización de la vida —expresadas en megaproyectos extractivistas, deudas
impagables y leyes antiobreras— configuran una matriz de dominación que no es
externa al capitalismo, sino “su forma concreta en la periferia”.
En este contexto, las contradicciones de clase han mutado,
pero no han desaparecido. El “proletariado” hoy incluye al obrero fabril, al
trabajador de plataformas digitales, al campesino sin tierra, al migrante
expulsado por la violencia económica y al precario del sector servicios. Esta
clase trabajadora, heterogénea y a menudo atomizada por el neoliberalismo,
sigue siendo “el sujeto y objeto del conocimiento histórico”, el único capaz de
abolir su propia condición de explotado y, con ello, todo orden de clases.
El error de las izquierdas institucionales ha sido “aislar
hechos” (elecciones, políticas sociales, crecimiento PIB) sin captar su
inserción en la “totalidad del sistema capitalista-imperialista”. Esta
fragmentación metodológica ha llevado a gobiernos progresistas a gestionar la
crisis del capital desde el Estado burgués, sin cuestionar las relaciones de
producción que generan explotación y dependencia.
II. La Ortodoxia Marxista: Método, no Fe
La ortodoxia no es fidelidad a citas textuales de Marx, sino
“fidelidad al método dialéctico materialista”. Como señala Lukács, es posible
rechazar tesis específicas de Marx (por ejemplo, sobre la inminencia de la
revolución) y seguir siendo ortodoxo, siempre que se mantenga el núcleo
metodológico: “la comprensión de la sociedad como un proceso histórico total,
en el que la contradicción es constitutiva y no un error a corregir”.
En América Latina, esto implica:
1. “Rechazar el empirismo positivista” que reduce la
política a gestión de "datos", "indicadores" y "hechos
aislados", sin ver en ellos la expresión de relaciones sociales
históricamente determinadas.
2. “Combatir el fetichismo de las formas burguesas”
(democracia liberal, mercado, propiedad privada), desvelando su carácter
histórico y transitorio.
3. “Restaurar la unidad de teoría y praxis”, entendiendo que
la teoría no es un lujo intelectual, sino la conciencia del movimiento real de
la clase obrera.
La política, desde esta perspectiva, es “la organización
consciente de la lucha de clases”, no la administración de la miseria dentro
del sistema.
III. El Rol del Partido: Conciencia de Clase y Dirección Revolucionaria
El proletariado no posee de forma inmediata la conciencia de
su misión histórica. Su experiencia cotidiana está mediada por las formas de
apariencia del capital (salario, mercado, Estado). Por ello, “el partido
revolucionario no es una vanguardia externa, sino el portavoz organizado de la
conciencia potencial de la clase”, aquella que surge de su lucha contra la
explotación.
En América Latina, esto exige partidos que:
- “Se arraiguen en los procesos de lucha real”: asambleas
populares, sindicatos combativos, movimientos campesinos y feministas
anticapitalistas.
- “Eduquen políticamente”, no para adoctrinar, sino para
desarrollar la capacidad crítica de los explotados.
- “Unifiquen las luchas sectoriales” (salud, tierra,
vivienda, ecología) en una ofensiva política contra el sistema capitalista,
mostrando que los problemas parciales solo se resuelven en la superación del
todo.
El partido no sustituye a la clase, sino que “hace
consciente su poder transformador”.
IV. Estrategia para la Liberación Continental
La fragmentación política de América Latina es funcional al
imperialismo. Por ello, nuestra estrategia debe ser “continental”:
1. “Construcción de una Internacional Proletaria
Latinoamericana”, que articulará partidos, movimientos y sindicatos revolucionarios
en una lucha común contra el FMI, las transnacionales y los gobiernos
neocoloniales.
2. “Expropiación de los grandes capitales”: bancos, mineras,
agroindustrias y medios de comunicación deben pasar al control obrero y
popular. Esto no es una medida “radical”, sino la condición de posibilidad para
una economía al servicio de la vida.
3. “Reforma agraria socialista”, que no se limite a repartir
tierras, sino a colectivizar la producción agrícola y vincularla a un plan
nacional de soberanía alimentaria.
4. “Internacionalismo activo”: solidaridad con los pueblos
en lucha (Palestina, Kurdistán, África) y oposición a todas las guerras
imperialistas.
La revolución no será un evento único, sino un “proceso
acumulativo de ruptura, en el que cada lucha defensiva se convierte en ofensiva
si se orienta por la perspectiva de la totalidad.
Conclusión: Por un Socialismo Vinculado a la Praxis del Pueblo
El marxismo ortodoxo no es una reliquia del siglo XX. Es la
herramienta más potente para “comprender y transformar” la realidad
latinoamericana. Frente al reformismo que domestica la rebeldía y al
izquierdismo que la aísla, propone una tercera vía: “la organización
disciplinada de la clase trabajadora en torno a un programa revolucionario que
entiende que cada reivindicación inmediata es un paso hacia la abolición del
capitalismo”.
No se trata de “aplicar” el marxismo, sino de “vivirlo como
praxis”, como la fusión constante entre la lucha concreta y la visión
estratégica del comunismo: una sociedad sin clases, sin explotación y sin
Estado. América Latina, con su riqueza, su dolor y su potencial revolucionario,
puede ser la cuna de esa nueva humanidad.
“La tarea no es interpretar el mundo, sino
transformarlo.”
Karl Marx, Tesis sobre Feuerbach
Comentarios
Publicar un comentario