Estrategia de
Seguridad Nacional de EE. UU. 2025
La Reinvención de
la Doctrina Monroe
La Estrategia de Seguridad Nacional (NSS) de
Estados Unidos para el año 2025, publicada oficialmente el 4 de diciembre de
2025 bajo el segundo mandato presidencial de Donald Trump, representa un punto
de inflexión radical en la política exterior estadounidense. Lejos de ser una
simple reorientación de prioridades, este documento articula una visión
geopolítica que transforma fundamentalmente la relación de Washington con el
Hemisferio Occidental. El núcleo ideológico de esta nueva doctrina es la
explicitación y militarización de la "Doctrina Monroe", ahora
denominada "Corolario Trump". Este término no es meramente semántico;
encapsula un cambio conceptual de una zona de influencia protectora a una
esfera de control geopolítico, económico y militar exclusiva de Estados Unidos.
La NSS declara sin ambigüedad que "el pueblo americano —no naciones
extranjeras ni instituciones globalistas— siempre controlará su propio destino
en nuestro hemisferio", y que "Estados Unidos debe ser preeminente en
el Hemisferio Occidental como condición de nuestra seguridad y
prosperidad". Esta declaración expresa la aspiración de convertir el
concepto histórico en una realidad política tangible.
El "Corolario Trump" elimina
deliberadamente la ambigüedad y el lenguaje protector del "Roosevelt
Corollary" al revivir la Doctrina Monroe en su forma más agresiva y
unilateralista. La estrategia se presenta como una herramienta para asegurar la
hegemonía estadounidense. El documento afirma que "Estados Unidos
reafirmará y hará cumplir la Doctrina Monroe para restaurar la preeminencia americana
en el Hemisferio Occidental, y para proteger nuestro hogar y nuestro acceso a
geografías clave en toda la región". Este lenguaje transforma la narrativa
de la relación hemisférica, presentando a América Latina no como un socio
igualitario, sino como un "patio trasero" o "primer piso"
cuya gestión es una función central de la seguridad nacional estadounidense. La
NSS eleva explícitamente al Hemisferio Occidental a la "prioridad externa
número uno", relegando a Europa y el Medio Oriente a un segundo plano.
Esta reinvención de la soberanía regional es un
elemento central. La NSS redefine la soberanía de los países latinoamericanos
como su capacidad para adherirse a la agenda estadounidense. Cualquier intento
de diversificación de alianzas, desarrollo autónomo o colaboración con
adversarios estratégicos como China es interpretado como una violación de la
esfera de influencia estadounidense y, por tanto, una amenaza. La estrategia
presenta a las naciones latinoamericanas con un binomio claro: o bien
participan en un "mundo liderado por Estados Unidos de países soberanos y
economías libres", o se sumergirán en una órbita paralela influenciada por
potencias "del otro lado del mundo". Este marco ideológico no solo
legitima la intervención, sino que también busca construir una coalición de
estados pro-EE.UU. dispuestos a cooperar en la ejecución de la nueva política
hemisférica. Para ello, la NSS introduce una estrategia “reunir aliados y
expandir presencia”, diseñada
para trabajar con aliados existentes y reclutar nuevos socios para abordar
problemas transnacionales. Sin embargo, esta expansión no se basa en principios
comunes o valores compartidos, sino en una coerción implícita y explícita,
donde la adhesión a la agenda estadounidense es el único camino hacia la
cooperación y la reciprocidad.
La NSS ignora sistemáticamente las consecuencias
devastadoras de las intervenciones pasadas de Estados Unidos en la región, como
las ocupaciones militares prolongadas de Cuba, Puerto Rico, Haití, la República
Dominicana y Nicaragua entre 1898 y 1934, que fueron justificadas como
"necesidades morales para restaurar el orden" pero resultaron en
sistemas políticos y económicos diseñados para servir a los intereses
estadounidenses. De manera similar, omite silenciosamente el papel de la CIA en
la ingeniería del derrocamiento del líder guatemalteco electo Jacobo Árbenz en
1954, un acto que la propia Comisión de Verdad de las Naciones Unidas concluyó
que había "producido las condiciones para el genocidio" y desató
cuatro décadas de conflicto armado. Al omitir estos precedentes, la NSS crea un
vacío moral que permite presentar la hegemonía como una necesidad pragmática y
defensiva, en lugar de lo que históricamente ha sido: una política
imperialista. La narrativa se centra en la protección del "hogar"
estadounidense y el control de recursos vitales, utilizando un lenguaje que
presenta la dominación como una medida preventiva y racional frente a amenazas
imaginadas o exageradas. La estrategia se justifica a sí misma como la única
respuesta viable a la inestabilidad regional, el flujo migratorio y la
competencia geopolítica, presentando la preeminencia estadounidense no como un
objetivo de poder, sino como un requisito indispensable para la paz y la
prosperidad globales.
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Elemento Ideológico |
Descripción en
la NSS 2025 |
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Nombre Oficial |
"Corolario Trump a la Doctrina Monroe" |
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Propósito Central |
Restaurar y hacer cumplir la preeminencia de EE.
UU. en el Hemisferio Occidental |
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Definición de Soberanía |
Adherencia a la agenda estadounidense; cualquier
diversificación de alianzas es vista como una amenaza |
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Justificación Principal |
Protección del "hogar" estadounidense,
control de recursos y estabilidad regional |
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Relación con Aliados |
Coerción implícita y explícita; la cooperación
está condicionada a la subordinación a la agenda estadounidense |
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Narrativa Histórica |
Ignora o minimiza las intervenciones pasadas de
EE. UU., presentando la hegemonía como una necesidad pragmática |
Este nuevo marco ideológico es el prisma a través
del cual todas las demás políticas de la NSS deben ser analizadas. No es un
documento que busque el diálogo equitativo o la cooperación mutua, sino una
hoja de ruta para la consolidación de una hegemonía sin precedentes. La NSS no
habla de interdependencia económica o cultural, sino de
"preeminencia", "control" y "exclusividad". Este
lenguaje de dominio se extiende incluso a Canadá, que la NSS trata no como un
aliado, sino como un estado vasallo ("vassal state"), definido como
una entidad con una obligación mutua con un superior, similar a un sistema
feudal. Esta percepción revela una visión de la región que no reconoce la
igualdad de soberanía, sino una jerarquía impuesta por la fuerza y la voluntad
estadounidense. La estrategia, por tanto, no es simplemente una política
exterior; es una declaración de intenciones para reconfigurar el orden político
y económico del continente según los intereses y la visión de mundo de Estados
Unidos.
Inmigración,
Narcotráfico y China como Justificación de la Intervención
La Estrategia de Seguridad Nacional de 2025
fundamenta su exigencia de hegemonía en el Hemisferio Occidental sobre una
tríada de amenazas predefinidas que configuran un estado de emergencia
permanente y justifican una respuesta militarizada y coercitiva. Estas tres
amenazas —inmigración, crimen transnacional y la influencia estratégica de
China— están intrínsecamente conectadas y funcionan como múltiples pretextos
para un único objetivo: la consolidación del control estadounidense sobre la
región. La primera y más prominente de estas amenazas es la migración. La NSS
declara de manera inequívoca que "la era de la migración masiva ha
terminado" y eleva la "seguridad fronteriza" al estatus de
"el principal elemento de la seguridad nacional" Este enfoque
transforma la migración, que incluye gran parte de la migración legal, en un
problema de seguridad nacional de primer orden. La estrategia vincula
directamente la inestabilidad y la inmigración provenientes de América Latina
con la inseguridad doméstica de Estados Unidos, tratando la gestión del flujo
migratorio no como una cuestión de política social o derechos humanos, sino
como una función militar y de inteligencia crítica. Al formalizar la migración
como una prioridad de seguridad nacional, la NSS legitima políticas represivas,
aumenta la militarización de las fronteras y desvía los recursos hacia la
vigilancia y el control en detrimento de cualquier solución a las causas
estructurales de la migración, como la pobreza, la violencia y la corrupción.
La segunda amenaza central es el crimen
transnacional, específicamente el narcotráfico. La NSS adopta un enfoque
drásticamente más beligerante que el de administraciones anteriores. Los
carteles de drogas ya no son considerados meras organizaciones criminales, sino
"terroristas transnacionales" o parte de redes terroristas. Esta
"securitización" del crimen proporciona una justificación legal y
moral para expandir la autoridad militar, realizar ataques extraterritoriales y
erosionar el estado de derecho local. La estrategia declara explícitamente que
se ha abandonado la "fallida estrategia policial-only de las últimas
décadas" y que se declarará un "conflicto armado no
internacional" contra los narcotraficantes. Esta declaración legaliza el
uso de la fuerza letal contra grupos criminales en territorio extranjero, como
se evidencia en las numerosas operaciones de drones y bombardeos realizadas por
EE. UU. contra embarcaciones sospechosas de narcotráfico en aguas
internacionales y costeras de otros países, como Colombia y México, resultando
en decenas de muertes. La designación de 13 grupos criminales latinoamericanos
y caribeños como "Organizaciones Terroristas Extranjeras" (FTO) en
febrero de 2025 sirve como el marco jurídico para esta escalada, permitiendo
ampliar las sanciones, autorizar operaciones encubiertas de la CIA y justificar
una mayor escalada militar. La NSS, por lo tanto, instrumentaliza la lucha
contra el narcotráfico no solo como una política interior, sino como una herramienta
de política exterior para ejercer presión y control en los países de origen y
tránsito.
La tercera amenaza, y posiblemente la más
estratégica a largo plazo, es la creciente influencia de China en el Hemisferio
Occidental. La NSS identifica explícitamente a China como un antagonista
geoeconómico y estratégico que debe ser activamente contenido. La estrategia
exige que China "se vaya de América Latina" y se retire de puertos y
la infraestructura crítica en la región. A diferencia de cómo se describía a
China y Rusia en la NSS de 2017, la versión de 2025 trata a China
principalmente como un "competidor económico", condenando prácticas
como subsidios predadores, comercio desleal, robo de propiedad intelectual e
industrial espionaje. Sin embargo, esta etiqueta de "competidor" no
disminuye la urgencia de su contención. La NSS ve la presencia china en
puertos, aeropuertos y minas de recursos estratégicos como una amenaza directa
a la seguridad y prosperidad de Estados Unidos. La estrategia aborda esta
amenaza mediante una combinación de presión diplomática y coerción económica,
en lugar de una confrontación militar directa. Se instruye a todos los
embajadores de EE. UU. en la región a utilizar "diplomacia
comercial", empleando tarifas, acuerdos comerciales recíprocos y
herramientas financieras para disuadir a los países latinoamericanos de
colaborar con China.
Estas tres amenazas están intrínsecamente
entrelazadas para formar una justificación coherente para la intervención. La
lucha contra el narcotráfico sirve como una tapadera para la presión militar y
la vigilancia intensificada. La preocupación por la inmigración legitima el uso
de la fuerza para "contener" a los países de origen y detener el
flujo de personas. Y la competencia con China crea un campo de batalla donde
EE. UU. puede imponer sus condiciones económicas y políticas. La NSS, por lo
tanto, articula una estrategia de "dominio total" que utiliza
múltiples pretextos para justificar un único objetivo: la hegemonía. La lucha
contra el narcotráfico proporciona la justificación para la escalada militar.
La preocupación por la inmigración legitima el uso de la fuerza para
"contener" a los países de origen. Y la competencia con China crea un
campo de batalla donde EE. UU. puede imponer sus condiciones económicas. La
NSS, por lo tanto, articula una estrategia de "dominio total" que
utiliza múltiples pretextos para justificar un único objetivo: la hegemonía. La
estrategia se presenta como una respuesta integral a los desafíos complejos que
enfrenta el continente, pero en la práctica, reduce la soberanía de los estados
latinoamericanos a la capacidad de responder a los imperativos de Washington.
Un Arsenal para la
Dominación Hemisférica
La Estrategia de Seguridad Nacional de 2025 no se
limita a declarar intenciones de hegemonía; especifica una arquitectura
multifacética de coerción diseñada para asegurar la obediencia y subordinación
de los estados latinoamericanos. Este arsenal opera a diferentes niveles de
intensidad, combinando incentivos selectivos, sanciones severas, presión
económica y la amenaza constante de la fuerza militar. La estrategia se aleja
deliberadamente de modelos de cooperación multilateral y basados en la
confianza, optando por un enfoque pragmático y realista centrado en la
imposición de condiciones. La mano derecha de esta arquitectura es la oferta de
recompensas selectivas a aquellos gobiernos que demuestran una fidelidad
incondicional a la agenda estadounidense. Estas recompensas funcionan como un sistema
de clientelismo y dependencia, creando vínculos económicos y políticos que
hacen difícil para los líderes locales desafiar a Washington sin arriesgar
beneficios significativos. Ejemplos concretos de esta táctica incluyen un paquete
de 20 mil millones de dólares para la economía de Argentina bajo el presidente
Javier Milei, quien había ganado la elección el 26 de octubre de 2024; la
eliminación de una advertencia de viaje emitida por el Departamento de Estado
para El Salvador después de que el presidente Nayib Bukele aceptara recibir a
más de 200 deportados venezolanos en prisiones de máxima seguridad; y la
concesión de aranceles reducidos a Ecuador y Bolivia como incentivo para su
cooperación. Estas acciones demuestran un modelo claro: la reciprocidad está
condicionada a la adhesión a los objetivos estadounidenses en materia de
migración, seguridad y contención de adversarios.
En contraposición a estas recompensas, la NSS
esconde una mano izquierda de castigo y aislamiento para aquellos gobiernos que
desafían a Estados Unidos o colaboran con sus rivales. Las sanciones y el
aislamiento diplomático se convierten en herramientas principales para socavar
la capacidad estatal de los países no cooperantes y marginarlos de la comunidad
internacional. Un caso emblemático es la decertificación de Colombia en la
guerra contra las drogas en septiembre de 2025, la primera vez que ocurre desde
1997, debido a la persistencia de la coca cultivada bajo el gobierno de Gustavo
Petro. Posteriormente, el gobierno de EE. UU. añadió a Petro, a su familia y al
ministro del Interior colombiano a listas de narcotraficantes especiales,
mientras anunciaba cortes parciales en la asistencia anticrimen. Otro ejemplo
es la cancelación de la Cumbre de las Américas en noviembre de 2025, citando
"profundas divisiones", una maniobra que excluye deliberadamente a
gobiernos considerados hostiles, como los de Venezuela y Nicaragua. Además, se
impusieron aranceles del 100% sobre las importaciones nicaragüenses y se
ofreció una recompensa de 50 millones de dólares por la captura de Nicolás
Maduro de Venezuela. Estas medidas tienen un impacto tangible en el estado de
derecho y la gobernabilidad, debilitando la capacidad estatal y castigando a
gobiernos electos por su postura política.
La presión económica se instrumenta a través de lo
que la NSS denomina "diplomacia comercial". Esta política instruye a
cada embajada de EE. UU. en la región a identificar oportunidades comerciales
para empresas estadounidenses y a utilizar herramientas financieras y
comerciales para disuadir a los países de invertir o asociarse con adversarios.
La estrategia promueve el uso de "aranceles, acuerdos comerciales
recíprocos y herramientas financieras selectivas" para crear un ambiente
desfavorable para la inversión extranjera, especialmente china. La NSS también
promueve la "adquisición estratégica e inversiones de empresas
estadounidenses en la región" para desarrollar "recursos
estratégicos" como los minerales de tierras raras. Esta táctica busca
integrar económicamente a América Latina en un modelo subordinado a los
intereses corporativos de EE. UU., perpetuando modelos extractivistas y
asegurando el acceso a materias primas cruciales para la industria
estadounidense. El objetivo es crear una dependencia económica que refuerce la
dependencia política.
Finalmente, la estrategia autoriza explícitamente
el uso de la fuerza militar, constituyendo la espada de la arquitectura de
coerción. La NSS establece una base legal para la intervención militar directa.
Esto incluye la autorización de ataques aéreos extraterritoriales, como los
realizados por drones y bombarderos contra embarcaciones sospechosas de
narcotráfico, a menudo fuera de las aguas territoriales de los países afectados.
Entre septiembre y noviembre de 2025, se llevaron a cabo 21 ataques navales
estadounidenses contra veloces barcos en las aguas del Caribe y la costa
colombiana, matando a 83 personas, a menudo sin presentar evidencia sólida de
que transportaban drogas. También se autorizan despliegues navales masivos para
aplicar presión diplomática y militar. La Operación Southern Spear, lanzada en
agosto de 2025 y escalada en noviembre con la llegada de la flota del
portaviones USS Gerald R. Ford, mostró una presencia naval sin precedentes en
el Caribe, con la intención declarada de combatir el narcotráfico, pero
ampliamente interpretada como una presión estratégica contra el régimen de
Nicolás Maduro en Venezuela. Además, la NSS autoriza operaciones terrestres
cruzando fronteras para combatir a las redes criminales. Esta escalada militar
no solo busca alcanzar objetivos específicos, sino también enviar un mensaje
claro a toda la región sobre la disposición y la capacidad de EE. UU. para
intervenir militarmente para proteger sus intereses.
|
Herramienta de Coerción |
Descripción y
Objetivo |
Ejemplo(s)
Concreto(s) |
|
Recompensas Selectivas |
Ayuda financiera y política para gobiernos
pro-EE.UU. y conservadores para asegurar su cooperación. |
Paquete de $20 mil millones para Argentina;
eliminación de advertencia de viaje para El Salvador; aranceles reducidos
para Ecuador y Bolivia. |
|
Sanciones y Aislamiento Diplomático |
Castigo a países que desafían a EE. UU. o
colaboran con adversarios para debilitar su capacidad estatal y
marginalizarlos. |
Decertificación de Colombia en la guerra contra
las drogas; suspensión de ayuda a Petro; cancelación de la Cumbre de las
Américas. |
|
Presión Económica ("Diplomacia
Comercial") |
Uso de tarifas, acuerdos recíprocos y
herramientas financieras para disuadir la inversión extranjera y favorecer a
las empresas estadounidenses. |
Instrucción a embajadas a identificar
oportunidades para empresas estadounidenses; aranceles del 100% a Nicaragua;
bote de $50 millones por Maduro. |
|
Intervención Militar Directa |
Ataques aéreos extraterritoriales, despliegues
navales masivos y operaciones terrestres autorizados para ejercer presión y
lograr objetivos estratégicos. |
21 ataques navales en el Caribe/Colombia (matando
a 83); Operación Southern Spear con portaviones; autorización de operaciones
cross-border. |
Casos de Estudio de
la Política Exterior Agresiva
La implementación de la Estrategia de Seguridad
Nacional de 2025 ha tenido consecuencias profundas y medibles en varios países
de América Latina, convirtiendo sus declaraciones ideológicas en una realidad
de crisis humanitaria, conflictividad interna y erosión de la soberanía. Estos
casos de estudio ilustran cómo la arquitectura de coerción de EE. UU. se
materializa en la política diaria de la región, afectando directamente a los
gobiernos, los ciudadanos y la estabilidad regional. Colombia se convirtió
rápidamente en un laboratorio para la aplicación de la nueva doctrina. Después
de la elección de Gustavo Petro en 2022, su gobierno inició negociaciones de
paz con grupos armados disidentes y aumentó la producción de coca, lo que
provocó una reacción inmediata y severa de Washington. En septiembre de 2025,
EE. UU. decertificó a Colombia en la guerra contra las drogas por primera vez
desde 1997, un golpe simbólico y político devastador. La respuesta se volvió
aún más agresiva cuando Petro criticó los ataques aéreos estadounidenses,
momento en el cual Washington respondió añadiendo a él, a su familia y a su
ministro del Interior a la lista de narcotraficantes especiales, mientras
cortaba parte de la asistencia anticrimen. Esta acción de "diplomacia
punitiva" demostró que la cooperación militar era una condición previa
para mantener la relación bilateral, independientemente de las decisiones
democráticas tomadas por el gobierno colombiano. Petro respondió con acciones
simbólicas y contundentes, como anunciar que Colombia dejaría de comprar armas
a EE. UU. y luego unirse a una protesta pro-Palestina en Nueva York instando a
los soldados estadounidenses a desobedecer órdenes, una provocación directa al
corazón de la nueva doctrina.
Venezuela fue objeto de una campaña de presión
militar y diplomática coordinada. La estrategia de EE. UU. buscaba aislar al
régimen de Nicolás Maduro y fortalecer a la oposición. Una pieza clave de esta
estrategia fue la designación del Cártel de los Soles, una red de altos mandos
militares venezolanos involucrados en el narcotráfico, como Organización
Terrorista Extranjera (FTO) en noviembre de 2025. Esta medida, respaldada por
una declaración del presidente Trump, permitió a Washington expandir las
sanciones y legalizar una mayor escalada militar, redefiniendo el conflicto
contra Venezuela no como una disputa política, sino como una guerra contra el
terrorismo. Simultáneamente, EE. UU. realizó una serie de ataques aéreos contra
embarcaciones sospechosas de narcotráfico cerca de la costa venezolana, matando
a 17 personas en tres ocasiones entre el 2 y el 19 de septiembre de 2025. Estas
acciones, aunque justificadas como operaciones anticrimen, fueron denunciadas
por expertos de derechos humanos y la ONU como ejecuciones extrajudiciales. La
respuesta de Venezuela fue inmediata: movilización militar, despliegue de
tropas cerca de la isla La Orchila, advertencias a Guyana y Trinidad y Tobago,
y amenazas de declarar un estado de emergencia si los ataques continuaban.
Paralelamente, la estrategia de EE. UU. presentaba una imagen contradictoria,
con el presidente Trump negando la intención de enviar tropas de combate, pero
sin descartarlo por completo, mientras afirmaba que Maduro era el líder de un
FTO pero estaba abierto a negociar con él. Esta inconsistencia reflejó una
"estratégica incoherencia" que mantuvo a la región en un estado de
incertidumbre y tensión continua.
Argentina, bajo el gobierno de Javier Milei, se
convirtió en un ejemplo paradigmático de la estrategia de "recompensas
selectivas". Tras la victoria electoral de Milei en octubre de 2024, EE.
UU. le ofreció un paquete de 20 mil millones de dólares para estabilizar su
economía. Esta ayuda masiva, junto con la promesa de reducir los aranceles, fue
un claro incentivo para que Argentina se alineara con la agenda estadounidense
en temas como la migración y la política energética. La estrategia de EE. UU.
condiciona la ayuda a futuras elecciones, como se observó con Argentina, cuyo
resultado de las elecciones del 26 de octubre de 2024 fue utilizado como
referencia para la entrega de fondos. Este modelo de "dinero
condicionado" crea una fuerte presión sobre los procesos democráticos
locales, sugiriendo que la viabilidad económica del país depende de la
conformidad política con Washington. El caso de Argentina demuestra cómo la
estrategia busca cooptar a líderes políticos populistas y de derecha,
ofreciéndoles apoyo económico a cambio de su lealtad a la hegemonía
estadounidense.
Brasil experimentó un aumento significativo de la
militarización y la criminalización de la pobreza, impulsado en parte por la
influencia de la nueva política estadounidense. En octubre de 2025, el gobierno
del estado de Río de Janeiro, bajo la influencia de la narrativa del
"narco-terrorismo" promovida por EE. UU., lanzó la Operación Containment
en Rio de Janeiro, una violenta ofensiva contra los barrios pobres. La
operación resultó en la muerte de al menos 121 personas, la detención de 113 y
la confiscación de 93 rifles. Aunque el gobernador Cláudio Castro invocó
explícitamente el concepto de "narco-terrorismo" y llamó a una
"guerra contra las drogas" bajo influencia estadounidense, las
autoridades federales brasileñas rechazaron inicialmente la propuesta de
clasificar a las pandillas como organizaciones terroristas. Este episodio revela
tanto la penetración de la retórica estadounidense en la política local como
las tensiones internas dentro de los propios estados soberanos. La operación,
que fue una de las más sangrientas de la historia de Río, tuvo un profundo
impacto en las comunidades afectadas y normalizó el uso de la fuerza letal en
contextos urbanos, a menudo con consecuencias devastadoras para los derechos
humanos.
Finalmente, el caso de Paraguay ilustra la táctica
de "dividir y vencer" y la tolerancia hacia la corrupción en el
contexto de la nueva doctrina. En noviembre de 2025, EE. UU. levantó las
sanciones impuestas al expresidente Horacio Cartes (2013–2018), un movimiento
que señaló una recalibración estratégica hacia líderes políticos alineados con
Washington, a pesar de las previas preocupaciones sobre la corrupción. Mientras
tanto, Cartes fue elegido senador en abril de 2025. Esta decisión contrasta
fuertemente con la dura postura adoptada contra líderes democráticamente
electos como Petro en Colombia. La NSS, al abandonar la promoción de la
democracia y los derechos humanos, crea un espacio donde la cooperación
política y económica se valora por encima de la ética gubernamental. Al premiar
a figuras corruptas como Cartes mientras se ataca a gobiernos considerados hostiles,
la estrategia no solo socava los principios de buena gobernanza, sino que
también envía un mensaje claro a los líderes de toda la región sobre qué
comportamientos son aceptables para mantener las buenas relaciones con
Washington.
La Muerte de la
Promoción Democrática y el Multilateralismo
Un cambio paradigmático y de enorme trascendencia
en la Estrategia de Seguridad Nacional de 2025 es el abandono explícito y sin
rodeos de la promoción de la democracia como una política exterior central de
Estados Unidos. Durante décadas, incluso durante períodos de relativa
indiferencia, la retórica estadounidense se ha basado en la idea de que la
democracia es un objetivo legítimo y deseable en el extranjero. La NSS de 2025
liquidó esta premisa, reemplazándola por un pragmatismo brutal centrado
únicamente en los intereses nacionales. El documento declara que la política de
EE. UU. será enfocarse en "recompensar y animar a los gobiernos, partidos
políticos y movimientos de la región ampliamente alineados con nuestros
principios y estrategia". Más importante aún, añade un calificador
decisivo: "Pero no debemos pasar por alto a los gobiernos con diferentes
puntos de vista con los que, no obstante, compartimos intereses y que quieren
trabajar con nosotros". Esta frase es crucial, ya que marca el fin del
" agenda democrática " y la reubicación de la democracia como algo
secundario.
Esta nueva postura tiene profundas implicaciones
para América Latina. Significa que las violaciones graves y sistémicas de los
derechos humanos, la corrupción endémica, la falta de libertades civiles o la
existencia de regímenes autoritarios ya no serán obstáculos insuperables para
la cooperación y la reciprocidad con Estados Unidos, siempre y cuando esos gobiernos
cumplan con los imperativos de Washington. La estrategia prioriza la
"estabilidad instrumentalizada" sobre la gobernabilidad democrática.
Por lo tanto, un gobierno que coopere en el control migratorio, garantice el
acceso a recursos estratégicos o active la contención de China podrá recibir
apoyo financiero, militar y diplomático, independientemente de su registro en
derechos humanos. El caso de Paraguay, donde EE. UU. levantó las sanciones
contra el corrupto expresidente Horacio Cartes mientras endurecía su postura
contra el gobierno electo de Gustavo Petro en Colombia, es un ejemplo perfecto
de esta doble moral. La NSS consagra una política exterior basada en el interés
bruto, donde la moralidad y los valores democráticos son sacrificados en el
altar del realismo geopolítico. Esta actitud se extiende a la redefinición de
la "paz a través del poder" y un "predilección por el no
intervencionismo" interpretado a través del "realismo flexible",
que en la práctica se traduce en una intervención selectiva y coercitiva cuando
los intereses de EE. UU. están en juego.
Paralelamente al abandono de la promoción
democrática, la NSS adopta una postura deliberadamente unilateralista y
anti-multilateral. El documento ignora o descarta sistemáticamente las instituciones
multilaterales regionales que han sido centrales en las relaciones entre las
naciones americanas durante décadas. La estrategia omite por completo
organismos clave como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños
(CELAC), el Prosur, la Organización de los Estados Americanos (OEA) y la propia
Cumbre de las Américas. Esta omisión no es accidental; es una forma de deslegitimación
y un mensaje inequívoco de que cualquier diálogo o acuerdo regional debe pasar
primero por Washington. Al marginar estas plataformas, EE. UU. busca impedir la
formación de una posición común latinoamericana frente a sus políticas agresivas.
Esto facilita la táctica de "divide y vencerás", permitiendo a
Washington negociar con cada país individualmente, maximizando su poder de
negociación y minimizando cualquier resistencia coordinada.
Esta estrategia de aislamiento tiene consecuencias devastadoras
para la unidad y la autonomía de la región. Al deslegitimar a las
organizaciones multilaterales, EE. UU. socava los pilares del derecho
internacional y la normativa regional que históricamente han servido para
moderar las relaciones entre los estados soberanos. La estrategia exhibe un
"rechazo" a las "instituciones globalistas" y a la
"ordenación basada en reglas" post-Segunda Guerra Mundial, lo que la
posiciona en abierta confrontación con los principios de respeto a la soberanía
y la no intervención. La NSS, por lo tanto, no busca una cooperación
equitativa, sino una subordinación a la voluntad estadounidense. Al rechazar la
participación en foros multilaterales, Washington impide que los países
latinoamericanos presenten sus propias agendas y defiendan sus propios
intereses de manera colectiva. La estrategia se basa en un enfoque
"soberanista" y "realista" que prioriza el interés nacional
estadounidense sobre la consulta y la colaboración. Esta postura no solo
erosiona la gobernanza regional, sino que también crea un vacío de liderazgo y
dirección en el hemisferio, dejando a los países individuales vulnerables a la
presión y la manipulación por parte de una sola potencia hegemónica. La
ausencia de referencias a estas instituciones en la NSS es una declaración
tácita de que su existencia es irrelevante en el nuevo orden geopolítico que
Estados Unidos pretende imponer.
Resistencia y
Defensa de la Dignidad Regional
La Estrategia de Seguridad Nacional de 2025, con su
énfasis en la hegemonía, la coerción y la subordinación, trasciende el ámbito
de la política exterior y tiene profundas y directas consecuencias para los
pueblos de América Latina. Para los activistas y colectivos populares, la NSS no
es un documento abstracto, sino una carta de intenciones que señala el inicio
de una nueva era de endurecimiento de las políticas represivas, agudización de
las crisis humanitarias y erosión de la soberanía popular. Entender sus
mecanismos y objetivos es el primer paso para desarrollar una estrategia de
resistencia efectiva. La estrategia prioriza la "seguridad
fronteriza" sobre todo lo demás, lo que inevitablemente refuerza políticas
violentas y discriminatorias contra migrantes. La declaración de que "la
era de la migración masiva ha terminado" legitima un discurso xenofóbico y
una agenda de cierre de fronteras, llevando a un aumento de la mortalidad y el
sufrimiento para quienes huyen de la pobreza, la violencia y la persecución. La
NSS no aborda las causas estructurales de la migración, sino que las trata como
un problema de seguridad que debe ser erradicado a través de la fuerza,
colocando a las comunidades vulnerables en una posición de indefensión extrema.
Además, la militarización de la política
hemisférica, justificada por la "tríada de amenazas", tiene
consecuencias devastadoras para la vida cotidiana de los ciudadanos. La
designación de carteles de drogas como "terroristas" y la posterior
etiquetación de figuras políticas como Gustavo Petro de Colombia como
narcotraficantes, normaliza el uso de la fuerza militar y las acusaciones
falsas para socavar gobiernos electos y justificar operaciones militares
brutales. Esto conduce a una mayor polarización interna y a conflictos armados
dentro de los propios países, como se vio en Brasil con la Operación
Containment en Río de Janeiro, donde las operaciones militares resultaron en
cientos de muertes en barrios pobres. La estrategia de EE. UU. fragmenta la
unidad latinoamericana al presionar a los países para que elijan entre la
órbita estadounidense y la china, perdiendo autonomía para tomar decisiones
sobre sus alianzas, su comercio y su seguridad. Los estados pierden su
capacidad para actuar en defensa de sus propios intereses, quedando sujetos a
las condiciones de una potencia hegemónica.
Para enfrentar esta amenaza, los activistas y
colectivos populares deben adoptar una estrategia multifacética que combine la
denuncia, la construcción de alternativas y la solidaridad regional. Primero,
es imperativo construir narrativas alternativas que desmonten la
retórica de la NSS. En lugar de aceptar las amenazas de "inmigración
masiva" o "narco-terrorismo", es necesario contar la historia
desde la perspectiva de los migrantes, las víctimas de la guerra contra las
drogas y los ciudadanos afectados por la pérdida de soberanía. Utilizar el
contexto histórico de las intervenciones pasadas de EE. UU. en la región es
fundamental para ilustrar que esta no es una nueva estrategia, sino la
culminación de un legado imperialista que ha causado dolor y sufrimiento
durante más de un siglo.
Segundo, es crucial exponer la inconsistencia y
la hipocresía de la política estadounidense. Contrastar públicamente las
acciones militares y coercitivas de EE. UU. con su retórica vacía sobre la
democracia y los derechos humanos es una táctica poderosa. Destacar cómo se
premia la corrupción (como en el caso de Horacio Cartes) y se castiga la
democracia electoral (como con Gustavo Petro) demuestra la naturaleza selectiva
y mercenaria de la nueva doctrina. Explicar la doble moral en su postura hacia
Rusia, donde se busca una "estabilidad estratégica", en comparación
con su intervencionismo agresivo en Europa y América Latina, revela un sesgo
ideológico que busca justificar la hegemonía bajo diferentes pretextos.
Tercero, el fortalecimiento de la solidaridad
regional y la construcción de bloques alternativos es la mejor defensa
contra la táctica de "divide y vencerás" de EE. UU. La estrategia de
Washington se beneficia de la división. Por lo tanto, es imperativo movilizar
para fortalecer y dar visibilidad a iniciativas como la CELAC y el Prosur, así
como a otras plataformas que representen una alternativa a la dependencia de
Washington. La solidaridad entre organizaciones sociales, sindicatos,
movimientos de base y defensores de los derechos humanos a través de las
fronteras es la única forma de contrarrestar el poder de un actor hegemónico.
Finalmente, es necesario utilizar datos y hechos
para desmitificar y visualizar. Crear infografías, líneas de tiempo y mapas
que traduzcan el lenguaje complejo de la NSS en información clara y accesible
para el público. Por ejemplo, un mapa que muestre dónde se están realizando los
despliegues militares de EE. UU.; una línea de tiempo visual de las acciones
específicas tomadas contra Colombia, Venezuela y otros países; o gráficos
comparativos que muestren los montos de ayuda recibida por países
"amigos" versus las sanciones impuestas a países
"hostiles". Estos materiales visuales pueden ser herramientas de
comunicación muy efectivas para educar a la población y generar conciencia
sobre las verdaderas intenciones de la nueva política estadounidense.
En conclusión, la NSS de 2025 es una amenaza
existencial para la soberanía, la dignidad y el futuro de América Latina.
Representa una ruptura con décadas de paradigmas de política exterior y un
retorno a formas más brutales de intervencionismo. Sin embargo, la resistencia
no es imposible. Al articular una narrativa alternativa, exponer la doble
moral, fortalecer la solidaridad regional y utilizar herramientas de
comunicación efectivas, los movimientos sociales y populares pueden defender
sus comunidades, proteger sus derechos y luchar por un futuro en el que la
región pueda determinar su propio destino, libre de la hegemonía extranjera.
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