Renta
Básica Universal para el Ecuador
Un derecho para
todas y todos, financiado con justicia y soberanía
1.
¿Qué se propone?
Instalar en la
agenda nacional un programa de Renta Básica Universal (RBU) para el Ecuador,
definido por los siguientes principios:
- Universal: se pague a todas las
personas residentes en el país, sin importar su nivel de ingresos, empleo
o condición social.
- Individual: reconocida como un
derecho personal, no familiar.
- Incondicional: sin exigencias de
contrapartida, como búsqueda activa de empleo o asistencia a programas.
- Periódica: entrega mensual o
trimestral de una cantidad fija, en moneda nacional (dólar
estadounidense).
- Suficiente: orientada, en el
mediano plazo, a superar al menos el umbral de la pobreza.
Como punto de
partida, proponemos una Renta Básica Piloto, con un monto inicial modesto (por
ejemplo, 40–50 dólares mensuales), financiada mediante mecanismos innovadores y
transicionales, que permitan construir la infraestructura institucional,
técnica y política para una RBU plena.
2.
¿Por qué una Renta Básica Universal en Ecuador?
- Crisis de protección social: El
sistema actual es fragmentado, excluyente y burocrático. Millones de
personas —especialmente en la economía informal, en zonas rurales y en
pueblos y nacionalidades— quedan fuera de los mecanismos de protección.
- Inequidad estructural: Ecuador
tiene una de las mayores brechas de desigualdad en América Latina. Una RBU
es un instrumento de redistribución directa y transparente.
- Reconocimiento de derechos: La RBU
reconoce que toda persona tiene derecho a una vida digna,
independientemente de su "productividad" en el mercado laboral.
- Resiliencia frente a crisis: Ante
el cambio climático, la automatización y la volatilidad económica, una RBU
fortalece la autonomía individual y colectiva.
Lección de las
Islas Marshall: No hace falta esperar a que un país sea rico o perfecto para
comenzar. Basta con voluntad política y una fuente de financiamiento colectiva.
3.
¿Cómo financiarla? Más allá de los impuestos tradicionales
Si bien una reforma
fiscal progresiva (sobre rentas altas, patrimonio, plusvalías y grandes
empresas extractivistas) es esencial a largo plazo, el caso de las Islas
Marshall nos enseña que la riqueza colectiva puede financiar derechos
colectivos. En el contexto ecuatoriano, proponemos explorar:
a) Fondo
Soberano de Renta Ciudadana
- Convertir parte de los ingresos
del Fondo de Desarrollo Sostenible (FDS) o de futuros ingresos por
recursos naturales (petróleo, minería, biodiversidad, carbono azul, etc.)
en un fondo cuyos rendimientos financien la RBU.
- Establecer mecanismos de control
ciudadano sobre el fondo, con participación de pueblos indígenas, comunidades
afroecuatorianas y organizaciones sociales.
b) Deuda
por justicia climática y ecológica
- Exigir compensaciones por daños
ecológicos históricos (contaminación petrolera, pérdida de biodiversidad,
etc.) y canalizarlas hacia la RBU como reparación colectiva, en línea con
el principio de justicia ambiental.
c) Reducción
de la evasión y reasignación presupuestaria
- Recuperar los más de 4.000
millones de dólares anuales que se pierden por evasión fiscal.
- Reorientar gastos regresivos (como
subsidios indirectos al combustible que benefician a los más ricos) hacia
la RBU.
4.
Factibilidad técnica y política
a) Técnica
- Ecuador ya cuenta con
infraestructura de pagos (cuentas en dólares, billeteras móviles como
Daviplata o Pichincha) que permite transferencias directas y masivas.
- La experiencia del Bono de
Desarrollo Humano y otros programas sociales ofrece lecciones valiosas
—aunque se debe superar su lógica asistencialista y condicionada.
b) Política
- La RBU no es una medida técnica,
sino una apuesta política transformadora. Su viabilidad depende de la
construcción de un bloque social amplio que la defienda como un derecho,
no como una dádiva.
- Es clave articular con sindicatos,
movimientos indígenas, feministas, ecologistas, juventudes y sectores
urbanos precarizados.
c) Escalabilidad
- Comenzar con un programa piloto en
territorios con altos índices de pobreza (como Esmeraldas, Chimborazo o la
Amazonía) y con poblaciones históricamente marginadas.
- Asegurar evaluación independiente,
participación comunitaria y ajustes progresivos.
5.
¿Qué se debe considerar para su factibilidad?
- Evitar la instrumentalización por
el clientelismo: Diseñar mecanismos transparentes e independientes de los
gobiernos de turno.
- Garantizar inclusión financiera
real: Asegurar acceso a medios de cobro (digitales y físicos) en zonas
rurales y para personas sin identificación formal.
- Articular con otras políticas
públicas: La RBU no sustituye educación, salud o vivienda, sino que las
complementa. Debe ser el suelo básico de un nuevo Estado del bienestar.
- Protegerla de presiones externas:
Como en el caso marshallés, organismos como el FMI suelen presionar por
programas focalizados y condicionados. Se requiere soberanía política para
resistir esa lógica.
- Construir narrativas poderosas:
Mostrar que la RBU no es “regalar dinero”, sino devolver a la ciudadanía
parte de la riqueza que colectivamente se ha producido o que se ha
extraído de sus territorios.
6.
Conclusión: Cruzar la línea
Las Islas Marshall
han demostrado que la verdadera barrera no es económica, sino política. Si un
pequeño archipiélago del Pacífico —con una historia de devastación nuclear y
dependencia geopolítica— puede implementar una renta básica universal, ¿qué
excusa tiene un país como Ecuador, con biodiversidad, petróleo, remesas,
talento y una larga tradición de luchas sociales?
La Renta Básica
Universal no es un lujo. Es una necesidad urgente de justicia, dignidad y
soberanía. Y su momento ha llegado.
¡Exigimos una Renta
Básica Universal para el Ecuador!
Porque nadie sobra. Porque todas y todos merecemos vivir con
dignidad.
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