Reconfiguración de la Hegemonía del Pensamiento Popular en América Latina (2005–2025)
Introducción
En
las últimas dos décadas, América Latina ha vivido una transformación profunda
en sus estructuras de poder simbólico, ideológico y político. La hegemonía del
pensamiento popular —entendida como la capacidad de los sectores subalternos
para influir en la narrativa pública, moldear agendas políticas y construir
consensos alternativos al neoliberalismo— ha transitado por ciclos de ascenso,
consolidación, crisis y reconfiguración. Este documento busca analizar los
factores que han impulsado y limitado esa hegemonía, identificar las nuevas
formas de resistencia y propuesta popular, y plantear orientaciones
estratégicas para fortalecer una nueva hegemonía progresista en el contexto
actual.
1. Hegemonía y pensamiento popular:
marco conceptual
La
noción de hegemonía cultural, desarrollada por Antonio Gramsci,
permite comprender cómo las clases dominantes no solo imponen su poder mediante
la coerción, sino también a través del consenso ideológico. En contraposición,
el pensamiento popular en América Latina —con raíces en
las luchas indígenas, campesinas, obreras, feministas, afrodescendientes y
barriales— ha buscado construir contrahegemonías que desafíen el orden
neoliberal y colonial.
Durante
los años 2000, diversos procesos políticos —como los gobiernos de izquierda en
Venezuela, Bolivia, Ecuador, Argentina, Brasil o Uruguay— pusieron en marcha
agendas que reflejaban demandas históricas del pueblo: redistribución,
soberanía, reconocimiento étnico y derechos sociales. No obstante, la hegemonía
popular no se limita al acceso al Estado: implica transformar sentidos comunes,
reconfigurar instituciones y ampliar la imaginación política colectiva.
2. El ciclo progresista (2005–2015):
ascenso de la hegemonía popular
Entre
2005 y 2015, América Latina experimentó un ciclo político caracterizado por:
- Gobiernos
posneoliberales: Elecciones de líderes como Lula da Silva, Néstor Kirchner, Evo
Morales, Rafael Correa y Hugo Chávez, quienes incorporaron en sus
plataformas reivindicaciones populares (educación, salud, trabajo,
derechos colectivos).
- Participación
social ampliada: Mecanismos de democracia participativa, constituyentes, asambleas
populares y movimientos sociales con capacidad de incidencia (Ej.: MST en
Brasil, COB en Bolivia, piqueteros en Argentina).
- Narrativas
alternativas: Uso de los medios públicos y comunitarios para contrarrestar la
hegemonía mediática de las élites. Surgimiento de nuevos referentes
intelectuales y culturales desde los sectores populares.
- Expansión de
derechos: Reconocimiento constitucional de pueblos indígenas, derecho al
agua, educación gratuita, políticas de vivienda y asistencia social.
En
este período, la hegemonía popular no solo fue electoral, sino cultural: se
deslegitimó el “fin de la historia” neoliberal y se abrió un horizonte de
posibilidades emancipatorias.
3. Crisis y reconfiguración
(2016–2022): retrocesos y resistencias
A
partir de 2016, una contraofensiva conservadora —alimentada por factores
internos y externos— debilitó la hegemonía popular:
- Agotamiento de
modelos: Corrupción, burocratización, falta de renovación ideológica y
dependencia de materias primas erosionaron la legitimidad de algunos
gobiernos progresistas.
- Guerra
mediática y judicialización de la política: Uso coordinado de
medios privados, redes sociales y sistemas judiciales para criminalizar a
líderes progresistas (Ej.: Lula, Cristina Fernández, Rafael Correa).
- Reconfiguración
del neoliberalismo: Nuevas formas de neoliberalismo “digital”, extractivista y
financiero, con retórica tecnocrática y ambiental.
- Ascenso de la
derecha autoritaria: Gobiernos como los de Bolsonaro (Brasil), Piñera (Chile), Duque
(Colombia) promovieron una restauración conservadora con apoyo de sectores
evangélicos, empresariales y militares.
Sin embargo, la hegemonía popular no desapareció:
se replegó, se fragmentó y se reinventó
en espacios no estatales: feminismos, ecologismos, redes comunitarias,
economías solidarias y nuevas formas de organización territorial.
4. Nuevas formas de pensamiento popular
(2020–2025): una hegemonía en construcción
En
la última década, el pensamiento popular ha evolucionado hacia configuraciones
más plurales, transversales y descentralizadas:
- Feminismos y
disidencias: Han interpelado tanto al patriarcado como al progresismo
tradicional, introduciendo agendas de cuidado, cuerpo, sexualidad y
autonomía.
- Ecologismos y
justicia climática: Los movimientos indígenas y campesinos lideran resistencias
contra el extractivismo verde y la falsa transición energética.
- Tecnopolítica
popular: Uso de redes digitales para la autoorganización, la denuncia y la
construcción de contranarrativas (Ej.: #NiUnaMenos, #ChileDespertó).
- Nuevas
expresiones culturales: Música, arte callejero, memes y
lenguajes juveniles como herramientas de resistencia simbólica.
- Gobiernos
progresistas renovados: La segunda ola progresista (AMLO en
México, Petro en Colombia, Boric en Chile, Lula en Brasil) responde a
demandas más complejas: no solo redistribución económica, sino
transformación ecológica, democrática y cultural.
La hegemonía popular ya no se centra en el Estado
como único horizonte, sino en la construcción de contra-poderes
y en la expansión del sentido común emancipador
en la vida cotidiana.
5. Desafíos estratégicos para una nueva
hegemonía popular
Para
consolidar una hegemonía popular sostenible en los próximos años, se requiere:
- Superar la
dependencia del carisma presidencial: Fortalecer
instituciones populares autónomas (consejos comunitarios, cooperativas,
asambleas barriales) que persistan más allá de los ciclos electorales.
- Articular
diversidad sin uniformidad: Construir frentes amplios que integren
feminismos, pueblos originarios, juventudes, trabajadores informales y
sectores urbanos sin imponer jerarquías ideológicas.
- Reconstruir la
comunicación popular: Invertir en medios comunitarios, educación mediática crítica y
narrativas que conecten lo local con lo global.
- Pensar más
allá del extractivismo: Proponer modelos de desarrollo
postextractivistas, soberanía alimentaria y transición ecológica justa.
- Defender la
democracia contra la nueva derecha: Combatir el
negacionismo, el autoritarismo digital y la desinformación con pedagogía
política y participación activa.
Conclusión: Hacia una hegemonía popular
del siglo XXI
El pensamiento popular en América Latina no ha sido
derrotado; ha estado en proceso de transformación
histórica. La hegemonía del siglo XXI no será la de un
partido único ni de un líder mesiánico, sino la de una multitud
articulada, diversa y creativa, capaz de construir mundos
posibles desde abajo.
La tarea política actual no es recuperar el pasado,
sino inventar el futuro: una hegemonía
que combine justicia social, sostenibilidad ecológica, democracia radical y
reconocimiento de las diferencias. América Latina, con su riqueza de saberes y
resistencias, tiene las condiciones históricas para liderar esa transición.
Propuestas concretas de política
pública (para gobiernos e instituciones)
- Ley de
Comunicación Popular: Crear fondos públicos para medios comunitarios, campesinos e
indígenas.
- Consejos de
Economía Social y Solidaria: Integrar cooperativas,
recicladores, feriantes y pequeños productores en la planificación
económica.
- Educación
popular en derechos y ecología: Programas nacionales de
formación ciudadana desde una perspectiva feminista, antirracista y
ambiental.
- Fondo de
Innovación Territorial: Financiamiento directo a iniciativas
locales de soberanía alimentaria, energética y digital.
- Reforma
judicial democrática: Mecanismos de participación popular en la designación y
evaluación de jueces.
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