Estrategias de Comunicación
y Resistencia Comunitaria
Legado de Reforma y Represión Autoritaria
El ecosistema mediático de Ecuador presenta una
paradoja compleja: es un territorio donde se han gestado algunas de las
legislaciones más avanzadas en materia de comunicación de América Latina, pero
que al mismo tiempo está sometido a un ciclo persistente de represión y control
político que mina su potencial democratizador. Comprender esta dualidad es
fundamental para evaluar las capacidades y vulnerabilidades de la sociedad
civil y los medios comunitarios. El período correísta (2007-2017), liderado por
Rafael Correa, representó un punto de inflexión histórico. Durante este tiempo,
Ecuador impulsó una serie de reformas profundas que buscaban transformar la
relación entre el poder estatal y el espacio público de la información. El hito
más significativo fue la promulgación de la Ley Orgánica de Comunicación (OLC)
en junio de 2013. Esta ley, aunque criticada por sus provisiones restrictivas,
sentó un precedente al ser uno de los primeros marcos legales del continente en
tratar explícitamente el derecho a la comunicación como un derecho humano
fundamental. Ecuador se convirtió en uno de los pioneros mundiales en enmarcar
este derecho en su constitución, lo que proporcionó una base legal robusta para
la existencia y desarrollo de medios alternativos, públicos y comunitarios.
La OLC introdujo mecanismos innovadores para
democratizar el acceso al espectro radioeléctrico. Su artículo 106 estableció
una distribución equitativa de las frecuencias: un tercio para medios públicos,
otro tercio para medios privados y un tercio adicional para medios
comunitarios, indígenas y campesinos. Este mandato constitucional y legal fue
concebido para romper con el monopolio mediático tradicional y crear un
pluralismo informativo genuino. Para apoyar esta nueva categoría, la ley previó
un conjunto de medidas afirmativas, incluyendo el acceso preferencial a
crédito, exenciones de impuestos sobre importaciones de equipos y programas de
capacitación técnica y administrativa. Además, la OLC fortaleció las garantías
profesionales para los periodistas, con una protección robusta de la reserva de
fuentes y la profesional secreta, prohibiendo la obligación de revelar fuentes
de información. Estas disposiciones fueron cruciales para la supervivencia de
medios independientes y comunitarios, que a menudo operan en condiciones de
alta vulnerabilidad y enfrentan amenazas directas. La ley también creó dos
organismos clave: el Consejo de Regulación y Desarrollo de la Información y
Comunicación (CRDICC) y la Superintendencia de la Información y Comunicación,
encargados de regular y supervisar el cumplimiento de la normativa. Aunque
estos cuerpos fueron objeto de críticas por su composición y falta de
independencia real frente al ejecutivo, representaron un intento
institucionalizado de gestionar el sector de manera más inclusiva. La
inspiración para esta reforma no surgió del vacío; movimiento como Yasunidos,
que utilizó activamente las redes sociales para confrontar la narrativa oficial
del gobierno, demostró la viabilidad de crear polos contrahegemónicos a través
de plataformas digitales. La OLC, en cierto modo, buscaba dar un marco legal a
ese tipo de resistencia digital y comunitaria.
Sin embargo, este legado de reforma fue
gradualmente erosionado y revertido por gobiernos posteriores, que utilizaron
herramientas jurídicas y políticas para restringir la libertad de expresión y
la autonomía de la sociedad civil. La transición hacia un modelo de control
ejercido desde el poder ejecutivo se hizo evidente con la aplicación de
decretos como el N° 16 de 2013, que permitió la disolución de organizaciones no
gubernamentales bajo acusaciones vagas de "afectar la seguridad
interna" o "desviarse de sus fines". Este decreto se utilizó
para cerrar la Fundación Pachamama, una destacada organización ambiental,
señalando un claro objetivo político: silenciar a las voces críticas.
Posteriormente, el Decreto Ministerial No. MIES-2021-036 bajo la administración
de Guillermo Lasso estableció barreras para la obtención de personalidad
jurídica para las ONGs, limitándolas a aquellas cuyos objetivos se alinean con
la lucha contra la pobreza, excluyendo así cualquier actividad política o
crítica. Estas medidas demuestran una tendencia sistemática a subordinar la
autonomía de la sociedad civil a la voluntad del poder político. La situación
se agravó significativamente durante la administración de Daniel Noboa, quien
declaró un "conflicto armado interno" en enero de 2024, suspendió
temporalmente derechos fundamentales como la libertad de asociación y asamblea,
y militarizó la respuesta a la oposición. Leyes como la Ley de Inteligencia y
la Ley Nacional de Solidaridad, aprobadas bajo urgencia, buscan
institucionalizar esta militarización, expandir las facultades de vigilancia
sin control judicial y criminalizar a cualquier forma de oposición política
como si fuera parte de una conspiración armada. La propia Constitución fue
atacada, como cuando Noboa ordenó la convocatoria a una Asamblea Nacional
Constituyente sin consultar al Tribunal Constitucional, un acto que fue
bloqueado pero que ilustra la intención de debilitar las barreras
institucionales.
En este contexto opresivo, los medios comunitarios,
a pesar de estar protegidos en teoría por la OLC, siguen siendo extremadamente
vulnerables. Su principal desafío es la fragilidad estructural. Una encuesta
reciente sobre organizaciones de la sociedad civil emergentes reveló que el 89%
opera con presupuestos anuales inferiores a $10,000, lo que impide la
profesionalización, la contratación de personal remunerado y la inversión en
infraestructura tecnológica adecuada. Muchos dependen casi exclusivamente del
voluntariado, lo que limita su capacidad para mantenerse activos de manera
sostenida. Además, enfrentan barreras de acceso a tecnología, como la falta de
equipamiento, banda ancha deficiente y electricidad inestable, especialmente en
zonas rurales. La falta de autonomía real es otra debilidad crítica. Un estudio
sobre las 22 radios municipales activas encontró que, aunque financiadas por
los ayuntamientos, solo cuatro tenían consejos ciudadanos independientes y en
todos ellos los alcaldes o delegados municipales eran miembros, lo que socava
su independencia editorial y administrativa. Esta mezcla de regulación formal y
control práctico crea un entorno hostil donde la supervivencia de los medios
comunitarios depende menos de la letra de la ley que de su capacidad
estratégica para navegar el poder político, buscar alianzas externas y desarrollar
modelos de financiamiento alternativos. Organizaciones como CORAPE han jugado
un papel crucial en este sentido, actuando como un centro coordinador que
brinda asistencia técnica y financiera para ayudar a las radios comunitarias a
acceder a las frecuencias asignadas, demostrando que la colaboración puede
mitigar algunos de estos obstáculos. Sin embargo, el panorama general indica
que el espacio para una comunicación verdaderamente democrática y autónoma en
Ecuador está bajo una presión constante, y su futuro depende de la capacidad de
sus actores para resistir y adaptarse a un entorno cada vez más adverso.
|
Aspecto mediático |
Características del periodo de Correa |
Características de gobiernos posteriores |
|
Marco Legal Principal |
Ley Orgánica de Comunicación (OLC) de 2013,
basada en el derecho a la comunicación. |
Uso de decretos ejecutivos para restringir la
sociedad civil (ej. Decreto 16). Leyes de urgencia para expandir poder
estatal (ej. Ley de Inteligencia). |
|
Regulación de Frecuencias |
Distribución equitativa: 33% público, 33%
privado, 34% comunitario. |
Continuidad formal del sistema, pero
implementación y gestión centralizada por el poder ejecutivo. |
|
Libertad de Expresión |
Protección legal para periodistas (fuerte reserva
de fuentes). Ataque a medios críticos mediante demandas judiciales (ej.El
Universo). |
Suspensión de derechos civiles (libertad de
asociación, asamblea) bajo estados de excepción. Criminalización de la
disidencia. |
|
Autonomía de Medios Públicos |
Obligación legal de facilitar el debate
democrático. |
Financiación inestable y ausencia de consejos ciudadanos
independientes en la mayoría de los casos. |
|
Estado de la Libertad de Asociación |
Disolución de ONGs críticas bajo decretos
ejecutivos. |
Reforzamiento de restricciones para obtener
personalidad jurídica. Persecución de líderes sociales. |
La Base Material de la Resistencia
Las estrategias de comunicación y resistencia
comunitaria en Ecuador no son meras manifestaciones ideológicas; están
intrínsecamente arraigadas en un profundo contexto de crisis social y económica
que define la experiencia cotidiana de gran parte de la población. Esta crisis,
caracterizada por la inseguridad extrema, la precariedad económica exacerbada
por políticas extractivistas y una creciente polarización social alimentada por
la xenofobia, constituye el terreno fértil sobre el cual florecen los
movimientos sociales y las narrativas alternativas. La violencia es la cara más
visible y alarmante de esta crisis. Ecuador se ha consolidado como el país más
violento de América Latina, con tasas de homicidio que alcanzaron
aproximadamente 45 por cada 100,000 habitantes en 2023, superando a naciones
históricamente conflictivas como Venezuela. En 2023, se registraron 8,004
muertes violentas, una cifra devastadora que refleja la penetración de
economías ilegales, principalmente el narcotráfico, que genera más de 10 mil
millones de dólares anuales para las organizaciones criminales. La respuesta
del estado a esta escalada de violencia ha sido la militarización de la
seguridad pública, un proceso que comenzó formalmente en enero de 2024 con la
declaración de un "conflicto armado interno" por parte del presidente
Daniel Noboa. Si bien esta medida busca presentar una solución, ha venido
acompañada de graves denuncias de violaciones a los derechos humanos por parte
de las fuerzas armadas y policiales, incluyendo represión indiscriminada de
protestas pacíficas, detenciones arbitrarias y el uso excesivo de la fuerza.
Los incidentes en la provincia de Imbabura, donde las fuerzas militares
dispararon contra comunidades indígenas desarmadas, son un ejemplo emblemático
de cómo la narrativa de seguridad se utiliza para justificar la violencia
estatal. Esta realidad de inseguridad endémica no solo causa dolor y pérdida,
sino que erosiona la confianza en las instituciones estatales, llevando a
algunas comunidades a considerar a los grupos criminales como actores más
confiables que el propio gobierno.
Paralelamente a la crisis de seguridad, Ecuador
atraviesa una severa crisis económica y social, marcada por una orientación
gubernamental claramente extractivista y la imposición de políticas de
austeridad. Las decisiones tomadas por el gobierno de Noboa en 2025 son
sintomáticas de esta trayectoria. La eliminación del subsidio al combustible
diésel en septiembre de ese año provocó una huelga nacional masiva liderada por
la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE), ya que elevó
drásticamente los costos de transporte y alimentos, afectando directamente a
las poblaciones más pobres. La decisión de fusionar ministerios y transferir
las responsabilidades ambientales al Ministerio de Recursos Naturales y
Hidrocarburos sugiere una priorización de los intereses extractivistas sobre la
protección del medio ambiente, un tema central en las demandas de los
movimientos indígenas y ambientalistas. Esta política choca frontalmente con
las aspiraciones de una "buena vida" (sumak kawsay) y un modelo de
desarrollo sostenible, que son pilares de la agenda de organizaciones como
CONAIE y Pachakutik. La precariedad se manifiesta en múltiples frentes: los
hospitales públicos carecen de medicinas y suministros básicos, llegando a
registrar la muerte de pacientes que necesitaban diálisis debido a la falta de
tratamiento. La inflación y la caída de los precios del petróleo han exacerbado
la pobreza multidimensional, que afecta a más del 37% de la población nacional,
pero alcanza niveles críticos del 67.9% en las zonas rurales. Esta combinación
de violencia, inseguridad laboral (con una tasa de informalidad del 54.6%) y
precariedad económica crea un clima de angustia y desesperación que motiva la
protesta social y la búsqueda de alternativas por parte de la ciudadanía.
La crisis social se ve profundamente complicada por
la fragmentación y la xenofobia, particularmente en relación con la gran
población de migrantes venezolanos que reside en Ecuador. Con cifras que
oscilan entre medio millón y más de 477,000 personas, Ecuador es uno de los
principales países receptores de la diáspora venezolana, después de Colombia y
Perú. A pesar de tener un marco legal relativamente progresista, como la Carta
Magna de 2008 que garantiza el acceso universal a la salud, la realidad para
muchos migrantes es de vulnerabilidad extrema. Gran parte de ellos se encuentra
en situación irregular, lo que les impide acceder a empleos formales, vivienda
digna y servicios públicos completos. Se reporta que el 92% trabaja sin
contrato formal, recibiendo salarios un 42% más bajos que los ecuatorianos y
trabajando cinco horas más por semana. La pandemia de COVID-19 exacerbo aún más
esta situación, al ser excluidos de los planes de ayuda estatal mientras se les
estigmatizaba como portadores del virus. La retórica política y mediática ha
jugado un papel crucial en la cristalización de una cultura de xenofobia.
Incendios como el femicidio de Diana Ramírez Reyes en Ibarra en 2019, cometido
por un venezolano, catalizaron ataques violentos contra la comunidad migrante,
con multitudes arrojando piedras y quemando pertenencias. La retórica
gubernamental, especialmente durante la presidencia de Lenin Moreno, contribuyó
a esta dinámica al hablar de "control de elementos antisociales" y al
imponer barreras de entrada cada vez mayores, como la exigencia de pasaportes
apostillados y un visado humanitario de alto costo, dificultando el acceso a la
legalidad para quienes provenían de un país con graves problemas de
documentación. Como resultado, la discriminación es sistémica: el 98% de los
migrantes venezolanos reportan haber experimentado algún tipo de discriminación
basada en su nacionalidad. Esta polarización social representa un riesgo
significativo para la cohesión comunitaria, ya que divide a la sociedad y
dificulta la construcción de solidaridad entre diferentes grupos vulnerables,
como los propios migrantes y las comunidades locales empobrecidas. Cualquier
estrategia de comunicación efectiva debe, por tanto, abordar simultáneamente la
denuncia de la violencia estatal, la exposición de las causas estructurales de
la precariedad económica y la lucha contra la xenofobia y la desinformación.
Impacto de la Declaratoria de Venezuela como Estado
Patrocinador del Terrorismo
El aspecto central de este análisis se centra en
los riesgos para Ecuador derivados de la declaratoria del Cartel de los soles
como organización terrorista, Maduro como su líder y Venezuela como estado
patrocinador del terrorismo por parte de Estados Unidos. El debate académico y
político sobre este tema, tiene implicaciones profundas y multifacéticas para
Ecuador. Es crucial distinguir entre el riesgo geopolítico directo, que sería
mínimo, y los riesgos socio-políticos internos, que podrían ser devastadores.
La primera consecuencia directa de una declaratoria sería una reconfiguración
de la política exterior ecuatoriana. Históricamente, Ecuador ha mantenido
relaciones cercanas con Venezuela dentro de la Alianza Bolivariana para los
Pueblos de Nuestras Américas (ALBA). Una embajada de EE.UU. forzaría a Quito a
tomar partido, probablemente distanciándose de Caracas y alineándose más
firmemente con Washington, lo que podría generar tensiones diplomáticas y
económicas con el régimen de Nicolás Maduro. Sin embargo, el impacto más
significativo y peligroso residiría en el ámbito interno, donde la narrativa de
"terrorismo" podría ser instrumentalizada por actores políticos
locales para fines represivos y discriminatorios. El principal riesgo económico
para Ecuador no provendría tanto de sanciones directas a Venezuela, sino de la
volatilidad que generaría una mayor polarización regional y la posible
criminalización de la cooperación bilateral. Sin embargo, el riesgo más
tangible es el social.
El riesgo social más agudo para Ecuador sería la
intensificación de la xenofobia y la criminalización de la comunidad migrante
venezolana. Una narrativa oficial que etiquete a Venezuela como un "estado
terrorista" tendería a vincular automáticamente a todos sus ciudadanos con
actividades terroristas, narcotraficantes o delincuenciales. Esta estrategia de
deshumanización ya se ha visto en el pasado, como en el caso de la retórica de
"presidencial xenofobia" de Lenin Moreno, que asoció a los migrantes
con el crimen y el desorden social. Una declaratoria formal amplificaría y
legitimaría esta narrativa a nivel internacional, proporcionando a los sectores
más conservadores y nacionalistas del país un arma discursiva aún más potente.
El resultado previsible sería un aumento de la discriminación, la violencia y
la exclusión social contra los cientos de miles de venezolanos que viven en
Ecuador. Ya existen pruebas claras de esta tendencia: la discriminación es
omnipresente, manifestándose en el acceso a la vivienda ("No se alquila a
venezolanos"), el empleo, la educación y el acceso a servicios de salud.
La situación de las mujeres venezolanas es particularmente grave, enfrentando
altos niveles de violencia de género y patrimonial, con barreras adicionales
para denunciar abusos debido a su estatus migratorio irregular y el temor a la
repatriación forzosa. Una campaña de estigmatización generalizada podría llevar
a episodios de violencia colectiva similares a los ocurridos en Ibarra, pero a
mayor escala, y a una mayor criminalización de la migración irregular,
empujando a más personas a situaciones de vulnerabilidad extrema. La estrategia
de comunicación y resistencia comunitaria debe estar preparada para
contrarrestar activamente estas narrativas, defendiendo el derecho de los
migrantes a la ciudadanía y a la protección bajo la ley, utilizando
testimonios, datos y un lenguaje centrado en los derechos humanos.
Desde una perspectiva de seguridad nacional, el
gobierno ecuatoriano, especialmente bajo la administración de Daniel Noboa,
podría aprovechar la amenaza externa para justificar una mayor represión
interna y la erosión de las libertades civiles. Ya se ha observado cómo el
gobierno vincula a los manifestantes sociales con grupos criminales como el
"Tren de Aragua" para deslegitimar sus reclamos y criminalizar la
protesta. Una declaratoria de Venezuela como estado terrorista proporcionaría
un nuevo caldo de cultivo para este tipo de argumentos. Podría usarse para etiquetar
a cualquier organización o individuo crítico con el régimen como "agentes
extranjeros", "simpatizantes de un estado terrorista" o
"subversivos". Esto encajaría perfectamente con la narrativa de
seguridad nacional que Noboa ha promovido, respaldada por leyes como la Ley
Nacional de Solidaridad, diseñadas para autorizar el uso de la fuerza militar
contra "grupos armados" identificados por el gobierno, sin distinción
de quiénes sean. La consecuencia sería un endurecimiento del estado de sitio,
la persecución de activistas, periodistas y líderes sociales, y una mayor
militarización de la vida cotidiana, todo ello bajo el velo protector de la
"defensa contra el terrorismo internacional". Por lo tanto, el riesgo
para la sociedad civil no es la amenaza militar de Venezuela, sino la
manipulación de esa amenaza para silenciar la disidencia local. Finalmente, el
riesgo político para Ecuador radicaría en la pérdida de soberanía y en la
alienación de su población. Una alineación demasiado estrecha con la política
exterior de EE.UU., impulsada por una percepción de amenaza, podría ser vista
como una traición a los valores de independencia regional y solidaridad
sur-suroeste, alienando a segmentos importantes de la sociedad ecuatoriana que
han apoyado tradicionalmente una política exterior diversificada. La
resistencia comunitaria debe, por tanto, no solo defender los derechos de los
migrantes y las libertades civiles, sino también articular una visión
alternativa de la seguridad y la gobernanza regional, basada en la cooperación
y el respeto mutuo en lugar de la confrontación y la desconfianza.
|
Riesgos |
Descripción |
Actores y contexto |
|
Riesgo Social - Xenofobia y Criminalización |
Intensificación de la discriminación y violencia
contra la población migrante venezolana, presentada como una amenaza a la
seguridad nacional. |
Narrativas gubernamentales y mediáticas (como la
"presidencial xenofobia"), incidentes de violencia colectiva (ej.
Ibarra), discriminación en empleo y vivienda. |
|
Riesgo Político - Represión Interna |
Instrumentalización de la amenaza externa para
justificar la persecución de disidentes, activistas y movimientos sociales. |
Gobierno de Daniel Noboa, Ley Nacional de Solidaridad,
práctica de etiquetar a los manifestantes como "terroristas". |
|
Riesgo Económico - Volatilidad Regional |
Potencial impacto negativo en la inversión y la
estabilidad económica debido a una mayor polarización regional y tensión
diplomática. |
Relaciones comerciales históricas con Venezuela,
dependencia de la cooperación regional para la estabilidad. |
|
Riesgo de Seguridad - Militarización |
Aumento de la militarización de la seguridad
pública bajo el pretexto de combatir la amenaza terrorista y sus supuestos aliados. |
Declaración de "conflicto armado
interno" en 2024, uso de la fuerza militar contra protestas pacíficas. |
|
Riesgo Diplomático - Alienación Regional |
Distanciamiento de Venezuela y otros aliados
regionales (ej. ALBA), lo que podría perjudicar la influencia y la
estabilidad de Ecuador. |
Historia de alianzas con Venezuela, posturas
divergentes en foros regionales como la Prosur. |
Escenario a Corto Plazo (0-6 Meses)
En un contexto de alta inestabilidad, con un
gobierno que utiliza la narrativa de seguridad para reprimir la disidencia y
una posible amenaza externa que podría ser instrumentalizada para criminalizar
a la comunidad migrante, la estrategia a corto plazo debe centrarse en la
supervivencia, la contención de la desinformación y la protección de las
comunidades más vulnerables. El objetivo no es cambiar el sistema, sino mitigar
sus efectos destructivos y construir una red de apoyo capaz de responder
rápidamente a los ataques. La viabilidad de estas acciones radica en su
naturaleza colaborativa, descentralizada y basada en la confianza mutua,
utilizando herramientas y recursos ya disponibles dentro de los ecosistemas de
la sociedad civil y los medios comunitarios.
La primera y más
urgente acción es la creación y fortalecimiento de un consejo de
coordinación estratégica de comunicación y defensa de derechos.
Este consorcio debería reunir a los actores clave: medios comunitarios
(radiofónicos, blogs, redes sociales), organizaciones de derechos humanos (como
Fundamedios, Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos - CDH),
movimientos sociales (CONAIE, Pachakutik), organizaciones de migrantes
(Colectividad de Venezolanos) y grupos de defensores de la libertad de
expresión. El propósito de este consejo sería establecer un protocolo de
comunicación para verificar hechos (fact-checking) y difundir mensajes
unificados y precisos de manera rápida y eficiente. Dada la rapidez con la que
se propagan las noticias falsas y las narrativas de criminalización, tener un
canal de verificación centralizado es vital. La experiencia de movimientos
sociales como Yasunidos demuestra que la coordinación es fundamental para
construir una contra-narrativa efectiva frente al poder mediático estatal. Este
consejo también serviría como plataforma para compartir información sobre
amenazas, represión y oportunidades de defensa jurídica, optimizando los
recursos y evitando duplicidades. La viabilidad de esta acción es alta, ya que
cuenta con un núcleo de organizaciones ya existentes con experiencia en trabajo
colaborativo.
La segunda
acción prioritaria es el desarrollo y distribución de guías de seguridad
digital y psicosocial para activistas, comunicadores y migrantes.
El 25% de las organizaciones de la sociedad civil en Ecuador ya reportan
preocupaciones de seguridad, y la violencia y la intimidación son constantes
amenazas que afectan gravemente su operatividad y bienestar emocional. Estas
guías deben ser prácticas y accesibles, cubriendo temas como el uso de
herramientas de anonimato en línea (como VPNs y aplicaciones seguras), la
gestión de cuentas en redes sociales para minimizar la exposición, la
identificación y respuesta a amenazas en línea (ciberacoso, doxxing), y la
creación de redes de apoyo mutuo. Es fundamental incluir un componente de
psicosocial, proporcionando información sobre dónde encontrar ayuda profesional
para víctimas de trauma, violencia o estrés postraumático, ya que la exposición
constante a la violencia y la inseguridad tiene un impacto devastador en la
salud mental de los activistas. Colaborar con expertos en seguridad digital
como Fundación Datalat, que ya trabaja en el área, podría mejorar la calidad y
relevancia de estos materiales. Esta acción es altamente viable porque aborda
una necesidad inmediata y tangible de los actores en el terreno, mejorando su
resiliencia individual y colectiva.
La tercera
acción, y quizás la más crucial para contrarrestar los riesgos externos, es la implementación
de una campaña de contranarrativa sobre la comunidad migrante venezolana.
Ante la probabilidad de que el gobierno o la opinión pública utilicen la
amenaza de Venezuela como estado terrorista para estigmatizar a los migrantes,
es imperativo actuar proactivamente. Esta campaña debe basarse en datos,
testimonios y el lenguaje de los derechos humanos. Utilizando historias
personales de migrantes que destaquen sus aportes económicos y sociales, datos
sobre la integración de la comunidad y evidencia de la violencia y
discriminación que sufren, se puede desmantelar la mentira de que son una
amenaza. Es crucial trabajar con medios comunitarios locales para asegurar que estos
mensajes lleguen a audiencias específicas y reboten en los contextos locales
donde la xenofobia es más pronunciada, como la Sierra. La campaña debe
enfatizar que la criminalidad y la violencia son problemas estructurales del
país, no atribuibles a un grupo étnico o nacional. Esta estrategia ya ha sido
utilizada con éxito en otras latitudes y es una defensa fundamental contra la
criminalización de la migración. Su viabilidad es alta, ya que se basa en
contar historias y presentar datos, habilidades que muchas organizaciones de la
sociedad civil poseen.
Finalmente, una
acción complementaria es la organización de talleres de
capacitación básica en defensa de la libertad de expresión y derechos civiles.
Estos talleres deberían dirigirse a líderes comunitarios, activistas juveniles
y miembros de organizaciones de migrantes. El contenido debería incluir el
conocimiento de sus derechos constitucionales, cómo denunciar violaciones de
los mismos, los procedimientos para solicitar medidas cautelares ante organismos
como la CIDH, y cómo realizar un seguimiento de los casos de persecución
judicial contra líderes sociales. La experiencia de movimientos como
Pachakutik, que ha utilizado tanto la protesta callejera como la participación
electoral, muestra la importancia de comprender y utilizar todas las
herramientas del juego político-institucional. Capacitar a los líderes locales
en estas áreas aumenta su capacidad para resistir la represión y utilizar las
vías legales y de comunicación para defender sus causas, convirtiéndolos en
defensores más resilientes y conscientes de sus derechos.
|
Acción a corto plazo |
0bjetivo principal |
Actores clave |
Viabilidad y justificación |
|
Consejo de Coordinación Estratégica |
Contener la desinformación y coordinar respuestas
rápidas a la represión y la xenofobia. |
Medios comunitarios, ONGs de DDHH, movimientos
sociales, organizaciones de migrantes. |
Alta. Basada en la colaboración de actores ya
existentes con experiencia en trabajo conjunto. |
|
Guías de Seguridad Digital y Psicosocial |
Mejorar la resiliencia y reducir el riesgo de
amenazas físicas y psicológicas contra activistas y migrantes. |
Activistas, comunicadores, migrantes, con apoyo
técnico de expertos como Fundación Datalat. |
Alta. Aborda una necesidad inmediata y tangible
documentada en encuestas. |
|
Campaña de Contranarrativa Migrante |
Desmentir activamente la estigmatización de los
venezolanos como agentes de una supuesta amenaza terrorista. |
Movimientos sociales, medios comunitarios,
organizaciones de migrantes, artistas y pensadores. |
Alta. Basada en el poder de los testimonios y los
datos para contrarrestar narrativas de odio. |
|
Talleres de Capacitación en Defensa de Derechos |
Empoderar a líderes locales con herramientas para
enfrentar la persecución judicial y la represión. |
Lideres comunitarios, jóvenes, organizaciones de
migrantes. |
Media-Alta. Requiere recursos de capacitación
pero tiene un impacto duradero en la resiliencia organizacional. |
Escenario a Mediano Plazo (6-24 Meses)
Si el corto plazo se enfoca en la supervivencia, el
mediano plazo debe centrarse en la construcción de la resiliencia
institucional, la creación de alternativas sostenibles y la consolidación de
una agenda de defensa de la comunicación democrática. Las acciones en este
horizonte temporal buscan transformar la vulnerabilidad estructural de la
sociedad civil y los medios comunitarios en fortalezas duraderas. El objetivo
es pasar de una defensa reactiva a una construcción proactiva de un ecosistema
mediático autónomo, financiado de manera diversa y protegido por un cuerpo
sólido de conocimiento y coaliciones estratégicas. La viabilidad de estas
acciones depende de la perseverancia, la capacidad de movilizar recursos y la
construcción de alianzas a largo plazo.
La primera
acción estratégica es el fortalecimiento financiero y profesional de los
medios comunitarios. La fragilidad económica es la principal
vulnerabilidad que limita el potencial de estos medios para ser un contrapeso
real al poder mediático dominante. Para superar esto, se debe implementar un
modelo de financiamiento diversificado y descentralizado. Esto incluye la
exploración de micro-subsidios de organismos internacionales que apoyen la
comunicación comunitaria, la organización de campañas de crowdfunding para
proyectos específicos, la creación de membresías comunitarias para recibir
apoyo directo de los oyentes y la búsqueda de alianzas con universidades y
empresas sociales que puedan ofrecer patrocinios o becas de investigación.
Simultáneamente, es imperativo iniciar un programa continuo de capacitación en
habilidades técnicas, editoriales y de gestión de proyectos. Esto no solo
mejora la calidad del producto informativo, sino que también profesionaliza a
sus equipos, reduciendo la dependencia del voluntariado y atrayendo talento
joven. La viabilidad de esta acción se basa en la existencia de un mercado de
donantes que valoran la diversidad mediática y en la creciente conciencia de la
importancia de la comunicación comunitaria. Organizaciones como CORAPE ya han
demostrado la eficacia de este modelo de apoyo técnico y financiero.
La segunda
acción es la defensa legal y política de la libertad de
expresión y asociación. Esta tarea requiere una estrategia dual:
monitoreo activo y litigio estratégico. Primero, es necesario establecer un
sistema de monitoreo permanente de todas las violaciones a la libertad de
expresión, la asociación y la seguridad de los periodistas y activistas. Este
sistema debe documentar meticulosamente cada caso, incluyendo detenciones
arbitrarias, persecuciones judiciales, cierres de medios y ataques en línea.
Segundo, estos casos documentados deben ser presentados ante tribunales
nacionales e internacionales, especialmente ante la Comisión Interamericana de
Derechos Humanos (CIDH), que ha mostrado preocupación por la situación en
Ecuador. Además, se debe presionar incansablemente al Congreso Nacional para la
derogatoria de leyes perjudiciales como la Ley de Inteligencia y la Ley
Nacional de Solidaridad, y para la reforma de la Ley Orgánica de Comunicación,
con el fin de restaurar la independencia del CRDICC y eliminar provisiones
ambiguas que permiten la censura y la represión. La viabilidad de esta
estrategia depende de la capacidad de las organizaciones para construir
coaliciones sólidas, producir evidencia documental sólida y movilizar a la
opinión pública para generar presión política sostenida.
La tercera
acción estratégica es la construcción de ecosistemas de noticias locales
sostenibles y la promoción de políticas públicas favorables.
La crisis de los medios tradicionales ha creado vastos "desiertos
informativos" en Ecuador, especialmente en áreas rurales, dejando a las
comunidades sin acceso a información local y de calidad. Los medios
comunitarios son la única alternativa viable para llenar este vacío, pero para
hacerlo de manera efectiva necesitan un soporte institucional. Se debe promover
la creación de cooperativas de medios y plataformas de colaboración regional
que permitan compartir recursos, contenidos y mejores prácticas. Paralelamente,
es fundamental abogar por políticas públicas que incentiven la publicidad oficial
a medios locales y de calidad, asegurando que la inversión estatal no se
concentre únicamente en los grandes conglomerados mediáticos. Esto puede
lograrse a través de campañas de sensibilización y lobby dirigido a los
funcionarios públicos. También se debe fomentar la adopción de software libre y
soluciones tecnológicas accesibles para reducir los costos operativos de los
medios comunitarios. La viabilidad de esta acción radica en la creciente
conciencia regional sobre el problema de los "desiertos informativos"
y en la existencia de estudios que demuestran la necesidad de políticas
públicas para sostener a la prensa independiente.
Finalmente, la
cuarta acción es la deconstrucción del narrativo de seguridad nacional
y la construcción de una agenda alternativa de seguridad y justicia.
El gobierno ecuatoriano ha capitalizado hábilmente la crisis de violencia para
justificar la erosión de derechos civiles y la militarización de la sociedad.
Para contrarrestar esto, se necesita una campaña de investigación y
comunicación a gran escala que exponga las raíces estructurales de la violencia
en Ecuador: la corrupción, la desigualdad económica, la inseguridad laboral y
la falta de oportunidades para los jóvenes. Esta campaña debe contrastar la
narrativa del "guerra contra las pandillas" con propuestas de
seguridad integral basadas en la justicia social, la prevención del delito y la
inversión en educación, salud y oportunidades económicas para las poblaciones
más vulnerables. Al deslegitimar el discurso de la seguridad nacional, se
debilita la justificación para la represión y se abre espacio para debates
públicos sobre soluciones más humanas y efectivas. La viabilidad de esta acción
depende de la capacidad de los investigadores, periodistas y movimientos
sociales para producir y difundir un cuerpo de conocimiento convincente que
pueda competir con la propaganda estatal.
|
Acción a mediano plazo |
Objetivo principal |
Actores clave |
Viabilidad y justificación |
|
Fortalecimiento Financiero y Profesional de
Medios |
Construir medios comunitarios financieramente
autosuficientes y profesionalmente competentes. |
Medios comunitarios, universidades, fundaciones,
empresas sociales, expertos en gestión. |
Media-Alta. Depende de la construcción de
alianzas y la creatividad en la búsqueda de fondos, pero es fundamental para
la sostenibilidad. |
|
Defensa Legal y Política de la Libertad de
Expresión |
Derogar leyes restrictivas y presionar por la
independencia de los organismos reguladores. |
ONGs de DDHH, movimientos sociales, abogados
especializados, medios de comunicación. |
Media. Requiere un esfuerzo sostenido y recursos
para litigio, pero es crucial para revertir la erosión de derechos. |
|
Construcción de Ecosistemas de Noticias Locales |
Llenar los "desiertos informativos" y
asegurar el acceso a información local de calidad. |
Medios comunitarios, cooperativas, organizaciones
de periodistas, instituciones de investigación. |
Media-Alta. Necesita apoyo político para cambios
en la política de publicidad, pero la necesidad es evidente. |
|
Deconstrucción del Narrativo de Seguridad
Nacional |
Cambiar el debate público sobre la violencia de
una perspectiva militar a una de justicia social. |
Investigadores, periodistas, movimientos
sociales, expertos en seguridad ciudadana. |
Media. Requiere tiempo para construir
credibilidad y competir con la propaganda estatal, pero es vital para
recuperar el espacio público. |
Síntesis Analítica y Conclusiones Estratégicas
El análisis exhaustivo del contexto sociopolítico,
mediático y económico de Ecuador revela un panorama de profunda crisis y
creciente represión, donde la sociedad civil y los medios comunitarios se
encuentran en la vanguardia de la resistencia democrática. La situación actual
no puede entenderse como un evento aislado, sino como la culminación de décadas
de tensiones estructurales, que han sido exacerbadas por gobiernos autoritarios
que han saboteado sistemáticamente las conquistas democráticas. La estrategia
de comunicación y resistencia comunitaria no es, por tanto, una opción, sino
una necesidad de supervivencia y un acto de defensa de los valores
fundamentales de la sociedad civil. Las conclusiones estratégicas que se
derivan de este estudio son claras y apuntan hacia un camino de acción que debe
ser simultáneamente táctico y estratégico, reactivo y constructivo.
En primer lugar,
la principal conclusión es que la supervivencia y el impacto de la sociedad
civil ecuatoriana dependen de su capacidad para transformar la
vulnerabilidad estructural en fortaleza colectiva. La fragilidad
económica de los medios comunitarios, la dependencia de voluntarios y la falta
de autonomía real frente al poder político son debilidades que los adversarios
explotan sin descanso. Por lo tanto, las acciones prioritarias deben centrarse
en la profesionalización y la diversificación de los modelos
de financiamiento. Sin un sustento económico sostenible, cualquier
otro esfuerzo de defensa de la comunicación democrática será frágil e
insostenible. Esto implica ir más allá de la ayuda humanitaria y buscar
alianzas estratégicas con el sector académico, la empresa social y modelos de
financiación participativa, como las membresías comunitarias. La viabilidad de
este enfoque reside en la creciente valoración de la comunicación comunitaria
como un pilar de la democracia, aunque su implementación requerirá una
inversión significativa de tiempo y recursos por parte de los propios actores.
En segundo
lugar, la estrategia de resistencia debe ser dual,
abarcando tanto la defensa en el ámbito institucional-jurídico como la
construcción de contra-narrativas en el espacio público. La erosión de las
libertades civiles mediante leyes restrictivas y decretos ejecutivos exige una
respuesta legal rigurosa y continua. Monitorear, documentar y llevar los casos
de violación de derechos ante instancias nacionales e internacionales es una
tarea indispensable. Sin embargo, esta lucha legal no puede realizarse en el
vacío. Debe estar permanentemente articulada con una campaña de comunicación
masiva que desmitifique la violencia, desestigmatice a los migrantes y exponga las
raíces estructurales de la inseguridad, contraponiendo una agenda de justicia
social a la narrativa de guerra contra el crimen. La victoria en el campo de
batalla jurídico es incompleta si no se acompaña de una victoria cultural y
discursiva que cambie la percepción pública y deslegitime las políticas
represivas.
En tercer lugar,
el informe concluye que la coordinación y la colaboración son los
principios rectores para la resiliencia comunitaria.
La historia de la resistencia en Ecuador, desde el movimiento Yasunidos hasta
las marchas de CONAIE, demuestra que la unidad y la articulación entre
diferentes actores —medios, ONGs, movimientos sociales, comunidades indígenas—
son cruciales para generar un impacto significativo. La fragmentación de los
medios alternativos en América Latina ha sido una de sus mayores debilidades.
Por lo tanto, es imperativo fortalecer y expandir los mecanismos de
coordinación existentes, como el consejo estratégico propuesto, para crear una
red de inteligencia y acción compartida. Esta red debe funcionar como un
sistema nervioso central que permita una respuesta rápida y unificada a los
ataques, comparta recursos y construya coaliciones de poder a nivel nacional e
internacional.
Finalmente, en
cuanto a la amenaza externa derivada de la declaratoria de Venezuela como
estado terrorista, la conclusión es que el riesgo principal para Ecuador no
reside en la amenaza militar, sino en la instrumentalización
de esa amenaza para la criminalización interna. La estrategia
de resistencia debe ser proactiva en la desarticulación de estas narrativas.
Defender a los migrantes venezolanos no es solo una cuestión de solidaridad
humana, sino una defensa fundamental de los derechos humanos y la cohesión
social contra la división y la intolerancia. La campaña de contranarrativa es,
por tanto, una pieza central del plan de acción, ya que ataca la raíz del
problema: el miedo y la desinformación.
En resumen, la ruta hacia la salvaguarda de la
comunicación democrática y la resistencia social en Ecuador es larga y ardua.
Requiere un compromiso inquebrantable con la verdad, la solidaridad y la
estrategia. El plan de acción propuesto, dividido en escenarios a corto y
mediano plazo, ofrece un mapa para esta difícil travesía. La clave del éxito no
estará en la magnitud de los recursos, sino en la calidad de la organización,
la profundidad de la colaboración y la firmeza de la convicción en los valores
de libertad, justicia y dignidad.
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