Descolonizar
la Mente Digital
I.
Introducción: El desafío de la hegemonía digital
Vivimos una transformación histórica sin precedentes en la
forma en que las personas —especialmente las nuevas generaciones— perciben,
piensan y se relacionan con el mundo. Las redes sociales, y en particular
plataformas como TikTok, han dejado de ser simples medios de entretenimiento
para convertirse en dispositivos centrales de configuración de subjetividades,
valores, identidades y hasta de la “realidad” misma.
Estas plataformas actúan como instrumentos de “represión
encubierta”, una forma moderna de dominación que no necesita cárceles ni armas
visibles, sino algoritmos, likes, estímulos emocionales y contenido hipnótico
que desactiva la capacidad crítica. Frente a esto, quienes luchamos por
justicia social, soberanía cultural y emancipación colectiva no podemos
permanecer al margen.
Esta propuesta busca “organizar una respuesta política y
cultural” desde abajo, desde las bases, construyendo contra-hegemonía en el
campo simbólico y digital, recuperando el pensamiento crítico y la capacidad de
imaginar otro mundo posible.
-II. Objetivos estratégicos
Objetivo General
Desarticular la lógica manipuladora de las redes sociales
dominantes y promover espacios comunitarios digitales y presenciales que
fomenten la conciencia crítica, la lectura histórica, la producción colectiva
de conocimiento y la acción transformadora.
Objetivos Específicos
1. "Fomentar la alfabetización mediática crítica” en
barrios, escuelas, centros culturales y movimientos sociales, especialmente
entre niñez y juventud (generación Alfa).
2. “Crear redes locales de comunicación alternativa” que
produzcan contenido antihegemónico, accesible y atractivo, en diálogo con las
lógicas digitales pero sin rendirse a su banalidad.
3. “Recuperar prácticas comunitarias de pensamiento lento”:
lectura colectiva, debate crítico, narración oral, arte político y producción
de saberes desde los territorios.
4. “Denunciar y visibilizar” cómo las grandes plataformas
digitales operan como instrumentos del capital global y de la dominación
ideológica.
5. “Promover políticas públicas” locales y nacionales que
regulen las redes sociales, protejan la privacidad digital y financien medios
comunitarios y educativos libres de lógica mercantil.
III. Argumentación política
1. Las redes como aparato ideológico del capital
Tal como lo señaló Louis Althusser y se reafirma en el
texto base, “la ideología dominante es siempre la ideología de la clase
dominante”. Hoy, los grandes monopolios tecnológicos (Meta, TikTok, Google,
etc.) no solo venden publicidad: gestionan deseos, miedos, identidades y
agendas políticas. Operan desde una lógica extractivista: “extraen datos,
atención, emociones y tiempo de vida”, para convertirlos en ganancias y control
social.
El discurso banal, ultrarrápido y emotivo de TikTok
—alabado incluso por figuras como Netanyahu por su capacidad de manipulación
masiva— “anestesia la conciencia histórica”. Reemplaza la complejidad del mundo
por memes, tendencias y estímulos fugaces. No se trata de “distraer”: se trata
de “impedir que surjan preguntas transformadoras”.
2. La hipnosis digital y la crisis del pensamiento.
La “hipnosis colectiva” no es una metáfora: es un estado
cognitivo real, inducido por interfaces diseñadas para maximizar la dopamina y
minimizar la reflexión. La publicidad, la desinformación y los discursos de
odio se propagan “seis veces más rápido” que las noticias verificadas, no por
casualidad, sino por “diseño algorítmico”.
El resultado: una generación que consume más de “4 horas
diarias” de contenido digital, pero que rara vez lee un texto de tres páginas;
que conoce miles de “influencers”, pero no a sus vecinos; que comparte
consignas sin comprender sus raíces históricas. Esto no es neutral: “es
funcional al statu quo”.
3. La urgencia de una contra-cultura digital
Frente a este escenario, no basta con “denunciar”.
Necesitamos “construir alternativas concretas”. La historia del activismo
muestra que los cambios sociales nacen de la “capacidad de nombrar la realidad
y proyectar utopías”. Si dejamos que las redes definan qué es “real”,
“importante” o “digno de atención”, perdemos la batalla antes de comenzar.
Pero hay esperanza: las mismas herramientas digitales
también pueden ser “apropiadas y subvertidas”. Comunidades indígenas,
colectivos feministas, movimientos campesinos y artistas populares ya están
usando las redes para “visibilizar sus luchas, educar y tejer solidaridades”.
Nuestra tarea es “sistematizar, articular y potenciar esas experiencias”.
4. El papel de lo comunitario
Las redes sociales fragmentan. La comunidad integra. Por
eso, esta propuesta no propone abandonar lo digital, sino “anclarlo en lo
territorial”. Cada taller de lectura en un barrio, cada asamblea popular con
debate crítico, cada colectivo de jóvenes que produce videos con perspectiva
histórica, es un “acto de resistencia epistémica”.
La lucha no es solo contra TikTok, sino contra la “lógica
que lo sustenta”: individualismo, inmediatez, consumismo y despolitización. Y
esa lucha se gana “calle por calle, aula por aula, pantalla por pantalla”.
IV. Líneas de acción propuestas
1. Escuelas Comunitarias de Pensamiento Crítico
Talleres semanales en barrios y centros
sociales: lectura de textos breves, análisis de noticias,
desmontaje de fake news, historia oral.
Formación de “promotores digitales críticos”
(jóvenes que guían a sus pares en el uso consciente de redes).
2. Redes de Comunicación Popular
·
Creación de colectivos audiovisuales
comunitarios que produzcan contenido corto, atractivo y con profundidad
política.
·
Campañas virales con consignas críticas:
#NoSoyUnAlgoritmo, #PiensaNoScrollees, #MiAtenciónNoSeVende.
3. Alianzas con docentes y artistas
·
Apoyo a maestros que integren alfabetización
mediática en sus clases.
·
Festivales de cortometrajes, rap crítico,
teatro callejero y fanzines digitales sobre temas como colonialismo,
extractivismo o memoria histórica.
4. Incidencia política
·
Cabildeo para que gobiernos locales exijan
transparencia algorítmica y regulen la publicidad dirigida a menores.
·
Promoción de leyes que financien medios
comunitarios y prohíban la recolección masiva de datos en escuelas.
5. Recuperación del tiempo lento
·
“Días sin redes”: espacios presenciales de
diálogo, juego, lectura y creación colectiva.
·
Clubes de lectura intergeneracionales: abuelos
comparten historias, jóvenes comparten herramientas digitales.
V. Conclusiones
La batalla por el sentido, por la imaginación y por el
alma de las nuevas generaciones se está librando “ahora”, en cada pantalla, en
cada like, en cada segundo de atención robado. No podemos permitir que las
élites globales —con su arsenal de algoritmos, influencers y “estúpidos
entretenimientos”— definan nuestro futuro.
Esta propuesta no es una fórmula mágica, sino un “llamado
a la organización”. No se trata de rechazar la tecnología, sino de “reivindicar
lo humano”: la capacidad de pensar, sentir, cuestionar y soñar juntos.
Como decía Günther Anders, “basta con crear un
condicionamiento colectivo” para sofocar toda revuelta. Nuestra respuesta es
clara: “¡condicionemos colectivamente la rebeldía!”.
Construyamos redes de verdad. No de datos, sino de
personas. No de espectadores, sino de sujetos históricos.
“Porque otro mundo no solo es posible: es necesario. Y
empieza con un pensamiento que no se rinde ante el scroll infinito.”
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