La Resistencia Popular en Ecuador en el Paro
Nacional (2025)
I. Introducción y
Marco Teórico del Conflicto Social en Ecuador
Se analiza el
movimiento de resistencia popular articulado durante el Paro Nacional, ocurrido
durante el mandato de Daniel Noboa (2025), a partir del examen de los
documentos internos de la movilización. El objetivo es desglosar la matriz
ideológica y estratégica de la protesta, identificando su propósito final, la
base argumental que la sostiene y las directrices operacionales que se derivan
de sus conclusiones.
1.1. Contexto
Histórico: El Patrón de la Resistencia Indígena y Popular
El Paro Nacional de
2025 se inscribe en una trayectoria histórica de resistencia social en Ecuador,
donde la movilización popular, especialmente liderada por la Confederación de
Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE), ha funcionado como un mecanismo
efectivo de veto político y social. La evidencia demuestra que intentos previos
de incrementar el precio de los combustibles bajo las administraciones de Lenín
Moreno (2017-2021) y Guillermo Lasso (2021-2023) resultaron en protestas
masivas y violentas, que incluso fueron precedidas por revueltas entre 1997 y
2005 que contribuyeron al derrocamiento de tres presidentes.
Esta historia
establece que el costo político de tocar los subsidios al combustible es
estructuralmente alto. El análisis de la respuesta del gobierno de Noboa revela
una comprensión de este precedente, si bien con una aparente subestimación de
la capacidad de respuesta popular. Que el gobierno haya lanzado de manera
"sorpresiva" la eliminación del subsidio al diésel, sugiere que la
urgencia fiscal o los compromisos de política económica internacional pesaron
más que el riesgo de una insurrección social.
1.2. El Decreto del
Diésel y el Desencadenamiento del Conflicto (Septiembre 2025)
El detonante
inmediato del conflicto fue la decisión del presidente Daniel Noboa de eliminar
el subsidio al diésel, una medida que representaba un ahorro fiscal de
aproximadamente 1.100 millones de dólares anuales. Esta eliminación supuso un
incremento en el precio del galón de diésel de $1.80 a $2.80. A pesar de las
protestas masivas, el presidente Noboa se mantiene firme en su posición,
señalando que la eliminación del subsidio no es negociable.
La justificación
gubernamental para esta medida se centró en la inequidad y la criminalidad. Las
autoridades argumentaron que el subsidio beneficiaba de forma desproporcionada
a grupos de mayores ingresos y que una parte significativa de los recursos se
desviaba hacia el contrabando y las "mafias como la minería ilegal".
El gobierno prometió que los fondos liberados se destinarían a programas de
asistencia social, como bonos mensuales a 55.000 familias de bajos ingresos, y
a créditos productivos para campesinos. Sin embargo, desde la perspectiva de la
resistencia popular, estas promesas no compensaron el impacto económico percibido
ni mitigaron la represión estatal.
El análisis de esta
coyuntura demuestra que, a pesar de que Noboa gozaba de una aprobación popular
significativa antes del paro, la decisión de aplicar un ajuste económico de
esta magnitud, combinada con una respuesta estatal percibida como
"brutal", rápidamente erosionó su legitimidad. La resistencia buscó
aprovechar este quiebre de confianza, pasando de una crítica a la política
económica a un desafío directo al modelo de gobernanza, que es calificado de
"dictatorial, racista y criminal".
II. Objetivo
Estratégico del Movimiento: La Derrota del Régimen y la Justicia No Negociable
El documento de la
resistencia popular "El paro" revela que el objetivo estratégico de
la movilización trasciende la demanda económica inmediata de revertir el alza
del diésel. El conflicto escaló a una lucha por el poder político y la
dignidad, con metas explícitamente más ambiciosas.
2.1. Meta Política
Central: El Derrocamiento Ideológico del Régimen
El resultado
deseado por el movimiento es categórico y de alta implicación política:
"El gobierno dictatorial, racista y criminal debe ser derrotado".
Esta formulación
constituye una declaración de guerra política, no meramente un pedido de
diálogo o ajuste de políticas. La elección de los adjetivos es crucial: ”dictatorial”
alude al uso constante de la militarización y estados de excepción; ”racista” se
dirige al componente predominantemente indígena y popular de la protesta,
históricamente marginado; y “criminal” se fundamenta en la violencia estatal y
la represión que ha resultado en víctimas mortales. El objetivo es, por lo
tanto, la derrota de un modelo que consideran ilegítimo y violento.
2.2. La Escalada
Moral y los Principios No Negociables
La transición de un
conflicto distributivo (sobre el precio del diésel) a un conflicto identitario
y de derechos humanos se articula en la declaración fundamental de la
resistencia: "Esta es una batalla de resistencia y los derechos, la vida
no es negociable".
Esta afirmación
marca un punto de inflexión donde las demandas económicas quedan subsumidas
bajo la exigencia de justicia y dignidad. La presencia de víctimas mortales
transforma la protesta. Ya ya se cuentan tres personas asesinadas, siendo el
caso de José Guamán un foco de movilización, como se evidenció en la
concentración pacífica de la Universidad Central que intentaba dirigirse a la
morgue antes de ser brutalmente reprimida. La incorporación de los
"hermanos caídos, heridos y detenidos" como causa del paro dota al
movimiento de una carga moral que eleva el costo político de cualquier
negociación técnica.
2.3. El Rechazo a
las Negociaciones Sectoriales y la Unidad de Lucha
La estrategia de la
resistencia busca evitar que el gobierno desarticule el paro mediante acuerdos
menores. El movimiento afirma que la lucha continuará porque "no hay
negociación que valga mientras continúe la violencia estatal y no exista
justicia para las víctimas".
Este principio se
materializa en la posición de la CONAIE. Aunque se registraron acuerdos
parciales con algunas organizaciones indígenas del norte del país, que lograron
el traslado de detenidos y un análisis para congelar el precio del diésel, la
CONAIE, como la organización social más grande y convocante del Paro Nacional,
desautorizó dichos acuerdos y confirmó su continuidad en la lucha. Esta postura
centralizada asegura que la máxima presión se mantenga hasta que las demandas
estructurales (y la meta de la derrota política del régimen) sean abordadas. La
insistencia en la justicia por las muertes convierte el conflicto en un juego
de suma cero, donde la rendición de cuentas por la represión es un requisito
ineludible para cualquier cese de la movilización.
III. Argumentos
Fundamentales: Las Causas Múltiples del Levantamiento Popular.
La justificación
del Paro Nacional se basa en una interconexión de agravios que demuestran que
la movilización no es monocausal, sino una respuesta a un modelo estatal
fallido en tres dimensiones principales: la económica, la ambiental y la social
estructural.
3.1. Eje Económico:
El Impacto Regresivo del Alza del Diésel
El principal
argumento económico de la resistencia es que "El alza del diésel afecta a
todos". A pesar de que el gobierno intentó asegurar que el incremento no
afectaría el transporte público y que buscaría redistribuir los recursos entre
los sectores más vulnerables, la percepción popular es que el aumento abrupto
del precio del combustible esencial ($1.80 a $2.80) impacta transversalmente la
economía. El diésel es fundamental para la cadena de producción agrícola y el
transporte de mercancías, lo que se traduce inevitablemente en inflación y en
un aumento de los costos de vida para la población más vulnerable. El
movimiento popular rechaza la narrativa gubernamental de que la eliminación del
subsidio es una medida justa, al considerarla una política neoliberal clásica
que penaliza a la mayoría para equilibrar las cuentas fiscales.
3.2. Eje
Territorial y Ambiental: La Amenaza de la Megaminería
Un argumento clave
que sostiene la movilización indígena y popular es la oposición al
extractivismo, resumido en la denuncia de que "la megaminería pretende
destruir la naturaleza".
Este punto enlaza
directamente la política de Noboa con intereses extractivistas, percibidos como
una amenaza a los derechos colectivos de la naturaleza y a la gestión comunitaria
del agua. Es significativo que el propio gobierno, al justificar la eliminación
del subsidio al diésel, mencionara que este recurso financiaba a mafias,
incluida la minería ilegal. No obstante, la crítica del movimiento no se limita
a la minería ilegal, sino que abarca la megaminería en general, cuestionando la
visión de desarrollo basada en la explotación de recursos naturales a gran
escala.
La vinculación del
diésel a la minería ilegal crea una narrativa compleja: mientras el gobierno argumenta
cortar el financiamiento a la criminalidad por vía económica, la fusión de los
ministerios de Ambiente y Energía/Minas sugiere que las políticas de Noboa
continúan favoreciendo estructuralmente el avance de la minería, a expensas de
los controles ambientales. Esta dinámica refuerza la posición de la resistencia
de que la destrucción ambiental es una política de Estado. Además, el sector
aurífero ecuatoriano ya está históricamente marcado por la impunidad y la
presunta implicación de actores políticos, como se ha señalado en
investigaciones sobre allanamientos a ARCOM.
La siguiente tabla
sintetiza la confrontación de narrativas:
Matriz de
Argumentos: Confrontación de Narrativas Gobierno vs. Resistencia
|
Motivo Central del Paro
(Perspectiva de la Resistencia) |
Argumento Clave del Paro |
Racionalización Gubernamental (Contexto) |
|
Eliminación del Subsidio al Diésel |
Afecta a todos; no es negociable |
Eliminar $1.100M anuales; combatir contrabando y mafias; destinar
fondos a bonos sociales |
|
Megaminería |
Pretende destruir la naturaleza; amenaza derechos colectivos y gestión
del agua |
Necesidad de ingresos; la ilegalidad es el problema; vinculada a
mafias; se busca beneficiar al sector productivo |
|
Represión y Derechos Humanos |
Continuidad de la violencia estatal; por los hermanos caídos (3
fallecidos) |
Aplicación estricta de la ley; manifestantes tratados como
delincuentes; infiltración de grupos terroristas |
|
Problemas Sociales Estructurales |
Falta de empleo, salud, educación, alto costo de la vida |
Los fondos del subsidio se destinarán a programas sociales y bonos |
3.3. Eje
Estructural Social y de Dignidad
Finalmente, la
movilización se sustenta en el fracaso del Estado para proveer derechos
sociales básicos. La persistencia de la lucha se debe a la falta de
"empleo, ni salud, ni educación”. Estas demandas demuestran que la
protesta no es simplemente reactiva a una medida coyuntural, sino que se erige
como una crítica integral al modelo de desarrollo vigente.
A estos déficits
estructurales se suma la demanda de dignidad, un concepto que engloba la
resistencia moral frente a la represión. El Paro Nacional ahora también es
"por la dignidad de los pueblos, por los hermanos caídos, heridos y
detenidos". La inclusión de la dignidad como causa formal del paro
consolida la transformación del movimiento en un desafío existencial al Estado,
el derecho a la resistencia consagrado en la constitución vigente, trascendiendo
la mesa de negociación económica.
IV. La Dinámica del
Conflicto: Militarización, Propaganda y Resistencia Descentralizada
El conflicto se
desarrolla en el plano físico de la represión y en el plano discursivo,
mediante una intensa guerra narrativa entre el gobierno y los movimientos
sociales.
4.1. Narrativa
Gubernamental: Criminalización y la Guerra Contra el Terrorismo
La respuesta del
gobierno de Noboa ha sido la de criminalizar la protesta, asimilándola a las
amenazas del crimen organizado. El presidente ha advertido que "a los que
eligen la violencia, los espera la ley. A los que actúen como delincuentes, se
los tratará como delincuentes". Esta línea discursiva se complementa con
la acusación explícita de las Fuerzas Armadas, que han señalado que las manifestaciones
están infiltradas por "grupos terroristas". Esta clasificación ha
permitido a la Fiscalía imputar a manifestantes con cargos de terrorismo,
resultando en prisión preventiva para una veintena de detenidos.
Esta
criminalización justifica la militarización continua del país, con Noboa
gobernando bajo sucesivos estados de excepción y ordenando el despliegue de
hasta 5,000 militares adicionales para reprimir las protestas. El análisis
indica que, si bien la militarización se justificó inicialmente para combatir
el crimen organizado, su aplicación se ha desviado hacia el control social y la
supresión de la disidencia política.
4.2. Respuesta de
la Resistencia: La Inversión del Terrorista y la Denuncia de Brutalidad
La narrativa de la
resistencia desafía directamente la versión oficial. Primero, refuta el anuncio
de los "medios comprados" y el gobierno sobre el "fin del
paro", señalando que el pueblo continuó luchando en todo el país. La
persistencia de la movilización a nivel nacional desmiente la eficacia de la
propaganda oficial. El paro "no va a parar porque el gobierno diga, ni
porque gaste millones en movilizar militares, policías, bal@s y bomb@s".
En segundo lugar,
la resistencia ataca el corazón de la narrativa estatal al invertir la
acusación de terrorismo. El manifiesto de la resistencia afirma que "El
terrorista es el gobierno de Noboa, sus fuerzas represivas y sus medios de
comunicación". Esta estrategia discursiva es poderosa, ya que busca
exponer la hipocresía del Estado, sugiriendo que el aparato represivo, que
debería estar destinado a combatir a los grupos delincuenciales, está siendo
utilizado contra la población civil.
La denuncia de
brutalidad se centra en incidentes específicos, como la represión
"brutal" contra la concentración pacífica en la Universidad Central
de Quito, que se dispersó mientras intentaba honrar a José Guamán.
Organizaciones como Amnistía Internacional han expresado preocupación por el
deterioro de los derechos humanos y las denuncias de uso excesivo de la fuerza
contra los manifestantes. Estos actos de violencia estatal son utilizados por
la resistencia para reafirmar su tesis de que el gobierno es "criminal".
4.3. Alcance
Geográfico y Persistencia de la Lucha
La capacidad de la
resistencia para mantenerse activa a nivel nacional es un indicador de su
resiliencia. A pesar de los intentos de represión, el movimiento popular
continuó en múltiples frentes, incluyendo Otavalo (donde se cuestionó incluso
la actitud de cierta dirigencia local), la movilización en las parroquias del
norte de Quito (Calderón y San Miguel del Común), y las manifestaciones en
Cuenca.
Además de los focos
urbanos principales, se registraron acciones en un total de once provincias
adicionales, que incluyen Manabí, Los Ríos, Guayas, Carchi, Cotopaxi,
Chimborazo, Loja, Sucumbíos, Napo, Pastaza y Zamora. Este amplio alcance
geográfico demuestra que el Paro Nacional es un movimiento con una base
nacional sólida y descentralizada, capaz de resistir el anuncio oficial del
"fin del paro" y de sobreponerse a la represión militarizada.
V. Conclusiones
Operacionales: Demandas, Mandatos y Estrategia Comunicacional
Se concluye con una
serie de mandatos y directrices operacionales que guían la estrategia de lucha
a largo plazo.
5.1. Directrices
Tácticas: Fortalecimiento de la Unidad y Diversificación de la Protesta
Para garantizar la
persistencia de la lucha, el movimiento llama a "seguir fortaleciendo los
espacios de unidad y lucha".
El repertorio de
protesta delineado es amplio y adaptativo, cubriendo desde la organización
interna hasta la acción directa y la esfera cultural: se insta a "realizar
asambleas, plantones, marchas, tomas, bloqueos, [y] motines artísticos".
Esta diversificación táctica indica una estrategia diseñada para la
resiliencia: las asambleas mantienen la cohesión política; las tomas y bloqueos
ejercen presión económica y física; y la inclusión de "motines
artísticos" es una táctica sofisticada que permite mantener la
movilización y generar contenido visualmente potente, lo que es crucial en la
guerra narrativa. La combinación de acciones garantiza que el movimiento pueda
adaptarse a la militarización y evitar la desarticulación total.
5.2. Estrategia
Comunicacional: Romper el Cerco Mediático
La lucha por la
opinión pública es reconocida como un frente estratégico. El movimiento
denuncia que el gobierno se "invente mentiras o autoatentados" y que
utiliza sus "medios comprados" para difundir la narrativa del
"fin del paro".
Ante este control
hegemónico de la información, el mandato es claro: se deben "seguir
activando las redes y medios comunitarios para romper el cerco mediático".
Esta directriz subraya la dependencia estratégica de los canales alternativos
de comunicación para contrarrestar la propaganda estatal y difundir su versión
de los hechos, particularmente en lo referente a la brutalidad policial y los
casos de víctimas mortales. La eficacia de esta estrategia de contrainformación
es vital para movilizar la indignación interna e internacional.
La siguiente tabla
resume los mandatos operativos del movimiento:
Mandatos
Estratégicos y Tácticos del Paro Nacional
|
Categoría Estratégica |
Mandato de la Resistencia |
Propósito Operacional |
|
Articulación Social |
Fortalecer espacios de unidad y lucha |
Evitar la desmovilización o la cooptación de dirigencias locales,
manteniendo la línea política dura |
|
Acción Directa Diversificada |
Realizar asambleas, plantones, marchas, tomas, bloqueos, motines
artísticos |
Mantener la presión constante, desbordar la capacidad de control
estatal y demostrar la persistencia del paro |
|
Contra-narrativa y Difusión |
Seguir activando redes y medios comunitarios; romper el cerco
mediático |
Neutralizar la propaganda oficial del "fin del paro" y la
criminalización de la protesta |
|
Principio Ético Político |
La vida y los derechos no son negociables |
Establecer un límite moral infranqueable para cualquier diálogo
futuro, enfocado en la justicia por las víctimas |
VI. Síntesis
Analítica y Proyecciones
6.1. Recapitulación
de la Matriz Argumental
La resistencia
popular en Ecuador se sustenta en una matriz de agravios interconectados que
superan la coyuntura del combustible. El alza del diésel actúa como catalizador
de demandas históricas relativas a la falta de empleo, salud, y educación, y se
fusiona con la crítica al modelo extractivista promovido por la megaminería.
Esta base argumental económica y ambiental se convierte en un desafío moral y
político total al régimen cuando la represión estatal resulta en muertos y
heridos, transformando la lucha en una batalla no negociable por la justicia y
la dignidad.
6.2. La
Polarización Irreversible y la Ruptura del Marco Democrático
La escalada
discursiva, donde el gobierno etiqueta a los manifestantes como terroristas y,
a su vez, la resistencia califica al gobierno de terrorista y criminal, señala
una ruptura profunda del marco democrático de diálogo. Esta polarización define
el conflicto en términos de suma cero, con la meta explícita de la resistencia
de que el régimen debe ser "derrotado".
El uso desviado de
la militarización, originalmente justificada para combatir el crimen
organizado, para reprimir la disidencia política, confirma la percepción del
movimiento de que el Estado ha abandonado el rol de garante de derechos para
asumir el rol de represor.
6.3. Proyecciones
El Paro Nacional de
2025 demuestra la resiliencia del movimiento popular ecuatoriano, su capacidad
para mantener una movilización nacional y su sofisticación táctica para
contrarrestar la propaganda estatal. La estrategia del gobierno, basada en la
compensación social (bonos y la mano dura, enfrenta un obstáculo fundamental:
la lucha ha trascendido lo económico y se ha anclado en la demanda de justicia
por los caídos.
Dada la historia de
los levantamientos en Ecuador, la negación de la justicia y la continuidad de
la violencia estatal representan factores que probablemente prolongarán la
confrontación. Ninguna negociación puramente técnica sobre el diésel o
programas sociales logrará sofocar una demanda política y ética que exige la
rendición de cuentas por la violencia estatal y la redefinición del modelo de
desarrollo del país. La batalla de la resistencia popular es, por definición,
una batalla a largo plazo que busca la derrota ideológica y moral del régimen.
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