El Pensamiento
de José Carlos Mariátegui
1.
La Alianza entre el Proletariado y Campesinado Indígena
El análisis se centrará en cómo Mariátegui rechaza la ortodoxia marxista del determinismo económico y la primacía del obrero industrial, para postular a las masas andinas como sujetos revolucionarios clave en un proceso que él define como una "creación heroica". Este objetivo exige desmantelar la percepción de Mariátegui como un simple nacionalista o indigenista, situándolo en el centro de una corriente heterodoxa del marxismo latinoamericano que busca adaptar la teoría universal al material histórico concreto del continente.
Para lograr este objetivo, se debe demostrar que la articulación de Mariátegui no fue una improvisación táctica, sino una conclusión derivada de un profundo análisis materialista de la sociedad peruana. Su obra Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana (1928) es el documento clave donde desarrolla esta tesis. En ella, argumenta que el campesinado indígena constituye la mayor parte de la población explotada, estimando que representaba hasta el 80% de la población total en ciertas regiones.
Mariátegui sostiene que la realidad peruana está caracterizada por un desarrollo desigual y combinado, donde coexisten modos de producción primitivos, feudalesy capitalistas. En este contexto, la burguesía nacional peruana, ligada al capital extranjero y a la oligarquía terrateniente, es incapaz y no desea llevar a cabo las tareas democrático-burguesas, como la reforma agraria.
Por lo tanto, solo las masas proletarias y campesinas pueden asumir estas tareas como una etapa de la revolución mundial, una idea paralela a la teoría de la revolución permanente deLeón Trotsky pero adaptada al caso latinoamericano. El objetivo es demostrar que la alianza obrero-indígena no es una mera coalición electoral, sino una síntesis orgánica de dos fuerzas explotadas cuyos intereses coinciden en la destrucción del poder de la clase dominante.
Además de analizar la dimensión utópico-revolucionaria de esta alianza. Mariátegui no ve en las comunidades indígenas solo un campo de militancia, sino un organismo vivo con tradiciones de solidaridad y trabajo comunal (ayllu) que pueden servir de base para una nueva sociedad.
Argumenta que el comunismo incaico fue una de las organizaciones comunistas primitivas más avanzadas de la historia, y que la comunidad andina conserva rasgos de este pasado que son compatibles con el socialismo. Por lo tanto, se debe argumentar que la estrategia mariateguiana propone una transición desde la semi-colonialidad hacia el socialismo a través de la revitalización de las formas comunitarias pre-capitalistas, integrándolas en un proyecto planificado y moderno.
Esto contrasta con las visiones evolucionistas que consideran estas estructuras como relicarios del pasado. Es esta la visión de una "revolución desde abajo", arraigada en la cultura y la memoria de las poblaciones subalternas, representa un desafío persistente a los modelos de modernización eurocéntricos y sigue siendo una fuente inspiradora para movimientos que buscan construir alternativas soberanas y plurinacionales.
2. La Construcción de un "Socialismo Indoamericano".
Un segundo objetivo, complementario al anterior, es argumentar que la principal contribución de Mariátegui reside en su audaz intento de crear un marxismo descolonizado, una versión peruanizada y luego "indoamericana" del materialismo histórico, capaz de superar el eurocentrismo inherente a sus orígenes. Este objetivo lo posiciona como un precursor del pensamiento decolonial y como una figura crucial en la búsqueda de una emancipación política y epistémica desde el Sur. La tesis central sería que Mariátegui no simplemente aplicó el marxismo a América Latina, sino que lo reconfiguró radicalmente, utilizando las herramientas del "amo" para desmantelar el "edificio" de la opresión, tal como lo ha formulado posteriormente la crítica descolonial.
Para alcanzar este objetivo, la escrito indica las diversas maneras en que Mariátegui rompe con la ortodoxia. Un primer frente de batalla es la concepción del sujeto histórico. Mientras el marxismo clásico se centraba en el proletariado industrial occidental, Mariátegui identifica al campesinado indígena como el portador natural del socialismo en los Andes, describiéndolo con una disciplina y tenacidad que podría servir al ideal socialista. Esta elección no es pragmática, sino ideológica: busca invertir la lógica eurocéntrica que valoraba la modernidad industrial y desvalorizaba las tradiciones agrarias y comunitarias. Esta fue una estrategia deliberada para construir una hegemonía cultural y política que partiera de las bases más sólidas de la sociedad peruana, en lugar de intentar imponer una forma de conciencia extranjera.
Un segundo frente es la reinterpretación de la historia y la cultura. Mariátegui utiliza conceptos europeos como el "comunismo primitivo" y el "socialismo práctico" para analizar las instituciones precoloniales como el ayllu y el Imperio Inca. Sin negar la existencia de relaciones de poder dentro del ayllu, él enfatiza su carácter comunitario y cooperativo como una base potencial para el socialismo. Analiza cómo este ejercicio de transculturación, un concepto desarrollado por Fernando Ortiz, permite a Mariátegui legitimar las culturas originarias sin caer en un romanticismo nostálgico. Al hacerlo, crea un puente simbólico y material entre el pasado y el futuro, entre la resistencia indígena y la revolución socialista.
El tercer frente es el antiimperialismo. Mariátegui no separa la lucha contra el capitalismo nacional de la lucha contra el imperialismo estadounidense, que describe como la etapa superior del capitalismo. Para él, el antiimperialismo es inseparable del socialismo: "Anti-imperialistas somos porque somos marxistas, porque somos revolucionarios". Argumenta que su antiimperialismo es más profundo que el de la burguesía nacional o de los movimientos populistas, ya que busca no solo la independencia política, sino la liberación económica y cultural. Propone que solo un proyecto socialista latinoamericano puede oponerse efectivamente al capitalismo estadounidense. Esto lo sitúa en una línea internacionalista que va más allá de las fronteras nacionales, conectando la lucha del Perú con otros países colonizados del mundo, como China, con la que establece paralelos comparativos.
Finalmente, se debe abordar la compleja herencia de Mariátegui. Sus escritos contienen expresiones que hoy podrían considerarse racistas, al postular grupos sociales homogéneos por razones biológicas o culturales. El análisis de la disertación debe ser honesto y crítico, explorando cómo estos elementos se integran en su sistema teórico y cuál es su relevancia hoy. El objetivo es presentar a Mariátegui no como un intelectual perfecto, sino como una figura histórica compleja, cuyo legado incluye tanto visiones progresistas como contradicciones ideológicas. Se debería concluir que, aunque su proyecto específico de un "socialismo indoamericano" enfrentó derrotas históricas, su llamado a pensar políticamente desde las realidades locales y a desmantelar el eurocentrismo permanece como una demanda política urgentemente vigente en el siglo XXI.
3. La Dialéctica de la Fe, el Mito y la Voluntad Revolucionaria
El tercer objetivo es explorar la dimensión ética y voluntarista del pensamiento de Mariátegui, cuestionando la imagen simplificada del marxismo como una ciencia exacta y predictiva. Se argumenta que, para Mariátegui, la revolución no es un resultado inevitable de las fuerzas económicas, sino el producto de una "creación heroica" que requiere fe, pasión y voluntad. Este enfoque lo aleja de un determinismo económico pasivo y lo acerca a una visión dinámica del cambio social, influida por filósofos como Benedetto Croce y Georges Sorel, y pensadores del romanticismo revolucionario como Miguel Unamuno. Se demostrará que, si bien la base del análisis de Mariátegui es materialista, su corazón es dialéctico y utópico, donde el sujeto histórico activo juega un papel fundamental.
En este objetivo, se debe analizar detalladamente la función del "mito" en su teoría política. Influenciado por Sorel, Mariátegui no usa el término en un sentido peyorativo de creencia irracional, sino como una metáfora poderosa que da unidad y dirección a la acción colectiva. El mito es la fuerza movilizadora que articula la lucha presente con una visión de futuro redentor. En el contexto peruano, el mito revolucionario debe incorporar las memorias etnoculturales y los registros del materialismo histórico para ganar adherencia en las masas. El objetivo es argumentar que, si bien Mariátegui rechaza el anticlericalismo liberal, propone la creación de un "mito revolucionario" como respuesta a la aspiración religiosa de las poblaciones explotadas, una manera de canalizar sus esperanzas de liberación hacia fines secular-socialistas. Este concepto sirve para superar la brecha entre la teoría y la práctica, entre la razón y la emoción, en el movimiento obrero-campesino.
También exige examinar la tensión entre la dialéctica materialista y la fe heroica. Si el materialismo histórico indica que el capitalismo entra en crisis, Mariátegui añade que la revolución depende de la "fe, la pasión y la voluntad revolucionaria”. Este matiz es político porque otorga una responsabilidad activa a los dirigentes y a las vanguardias revolucionarias. No se trata de esperar pacientemente a que llegue el momento, sino de crearlo. Esta perspectiva voluntarista es lo que le permite a Mariátegui mantener una postura crítica tanto con respecto a la burocracia sindical y partidaria (que podía estancarse en el reformismo) como con respecto a la estrategia ultraizquierdista "clase contra clase" impuesta por la Internacional Comunista, que desconectaba la lucha de clases del frente antiimperialista y popular. Su defensa de un "frente único" y de una alianza amplia era, en última instancia, una aplicación de su visión de que la revolución es una construcción colectiva que requiere movilizar todas las fuerzas disponibles.
Comprender esta visión de una revolución como "creación heroica" se relaciona con su análisis de la subjetividad de las masas. Mariátegui no ve a los trabajadores y campesinos como individuos atomizados, sino como sujetos con una rica vida cultural y espiritual. Valora profundamente la música, la poesía y la danza como parte integral de la lucha social. Para él, la emancipación es completa: implica no solo la liberación material de la explotación, sino también la restauración de la dignidad y la cultura de los pueblos oprimidos. La revolución es "siempre religiosa" en el sentido de que responde a las dimensiones más profundas de la humanidad. Este análisis tiene implicaciones políticas directas: sugiere que un proyecto revolucionario exitoso debe ser simultáneamente material y espiritual, económico y cultural, técnico y humano. Esta visión holística contrasta con las tendencias utilitaristas y reduccionistas de muchos proyectos políticos contemporáneos, ofreciendo un camino para una transformación social más profunda y duradera.
4. Estrategias Políticas Contemporáneas Inspiradas en Mariátegui
Este cuarto objetivo explora el ámbito de la política comparada y la viabilidad estratégica, buscando trazar un mapa de las experiencias políticas del siglo XX y principios del XXI que han sido influenciadas, de alguna manera, por el pensamiento de José Carlos Mariátegui. El propósito es evaluar la pertinencia y los límites de sus ideas en contextos históricos diversos, moviéndose desde una lectura textual a una aplicación analítica. El objetivo político es doble: por un lado, ilustrar la trascendencia de su legado; por otro, proporcionar una crítica desde la experiencia, señalando tanto las reivindicaciones genuinas como las distorsiones de sus principios fundamentales. Para cumplir con este objetivo, se realizó un análisis comparativo de tres casos significativos. El primer caso, y quizás el más emblemático, es el de Venezuela bajo Hugo Chávez. Aquí, el objetivo es analizar cómo el gobierno bolivariano citó explícitamente a Mariátegui como una de sus fuentes de inspiración para un "socialismo del siglo XXI".
Específicamente, se considera la implementación de las "Comunas" (con el eslogan "Comuna o Nada") y la "Economía Comunal", promovidas desde el estado como células básicas del nuevo socialismo. Estas iniciativas buscan integrar la organización comunal indígena y campesina con el proyecto nacional antiimperialista, en línea con el grito de Bolívar y la visión de Mariátegui. Se debe evaluar críticamente si estas comunes funcionan como órganos de poder popular autónomo, como proponía Mariátegui en su programa del Partido Socialista Peruano de 1928, o si se convierten en meras extensiones de la administración pública burocratizada.
El segundo caso es el de Bolivia bajo el gobierno de Evo Morales. El objetivo aquí es examinar la implementación del "Socialismo Comunitario" como política de Estado, teorizada por el vicepresidente Álvaro García Linera. Esta política se inspira en la visión de Mariátegui sobre el ayllu y la importancia de la cosmovisión andina para la construcción de un nuevo país. Específicamente, se evalúa cómo el gobierno boliviano vinculó esta visión con la recuperación de la soberanía sobre los recursos naturales (nacionalización de hidrocarburos), una estrategia que busca fortalecer al Estado para financiar el proyecto social. Este enfoque, prioriza la autonomía regional y la participación comunitaria, representa una superación de la visión estatista de otras izquierdas, o si introduce nuevas formas de dependencia del aparato estatal.
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Característica |
Venezuela (Siglo
XXI) |
Bolivia (Siglo XXI) |
Perú (Era Mariátegui) |
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Proyecto Principal |
Antiimperialismo nacionalista, redistribución de renta Petrolera |
Socialismo Comunitario, plurinacionalidad y soberanía
de los bienes comunes. |
Revolución socialista liderada por una alianza obrero-campesina |
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Inspiración Ideológica |
Mariátegui, Che
Guevara, nacionalismo latinoamericano. |
Mariátegui, Zavaleta
Mercado, filosofía andina. |
Marxismo-leninismo,
teoría de la revolución permanente. |
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Relación con el Estado |
Fortalecimiento del Estado como eje del cambio social. |
Fortalecimiento del Estado como garante de la autonomía comunitaria |
Creación de órganos de poder popular (municipios obreros, campesinos, soldados) como contrapoder al Estado |
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Base Social Clave |
Trabajadores urbanos,
mineros, campesinos y comunidades indígenas. |
Comunidades indígenas
originarias campesinas CIOC). |
Campesinado indígena
rural como sujeto revolucionario principal. |
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Enfoque de la Tierra |
Expropiación de
empresas extractivistas (petróleo, gas). |
Nacionalización de hidrocarburos. Reconocimiento de los "Bienes Comunes". |
Liquidación del latifundio y el gamonalismo a través de la reforma agraria. |
El tercer caso, y quizás el más
problemático, es la reivindicación de su legado por parte de Sendero Luminoso en
Perú. El objetivo es analizar cómo esta organización adoptó la frase final de
uno de sus artículos, "Marxismo-Leninismo abrirá el brillante sendero de la
revolución", para bautizar
su propio nombre y su proyecto armado. Se debe destacar la flagrante distorsión
de sus ideas: mientras Mariátegui defendía la formación de cuadros indígenas, la
educación popular y la construcción de un partido político legal y masivo (el PSP),
Sendero Luminoso optó por la violencia, la eliminación física de sus adversarios
y una visión catastrofista de la historia. Este análisis debe servir para demostrar
que, aunque el lenguaje de Mariátegui puede ser atractivo para movimientos radicales,
su metodología y su visión de la alianza popular son diametralmente opuestas a la
de una organización que busca imponer el poder desde arriba. Finalmente, el análisis
podría extenderse a otros movimientos como el Movimento dos Trabalhadores Rurais
Sem Terra (MST) de Brasil, que articula la lucha agraria, la organización comunal
en los asentamientos y el antiimperialismo,
mostrando una continuidad en la línea de pensamiento que Mariátegui encarnó.
5.
El Legado de
Mariátegui en la Teoría Política Contemporánea
Su advertencia sobre la incapacidad de la burguesía nacional para llevar a cabo una verdadera independencia económica es un eco constante de las crisis de deuda y las políticas neoliberales que azotan a muchas naciones latinoamericanas. Además, su visión de un antiimperialismo intrínsecamente ligado a la revolución socialista ofrece una alternativa al pragmatismo superficial de muchos gobiernos que adoptan un discurso antihegemónico pero mantienen las estructuras de poder capitalistas.
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